Mostrando las entradas con la etiqueta Omar Aravena. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Omar Aravena. Mostrar todas las entradas

domingo, 19 de abril de 2026

Don Omar Aravena Cortez; Un Héroe Anónimo De Chile // Conclusión

Don Omar Aravena Cortéz no solo dominó la sierra y el bosque; dominó el arte de la esperanza. Trabajador de BIMA, maestro palanquero de oficio y padre de fe, deja un legado que hoy camina en sus hijos y renace en sus nietos.


El 02 de septiembre de 2017 publicamos la biografía de Don Omar Aravena Cortéz, un héroe anónimo de Chile, ahora publicamos la segunda parte, según su hijo mayor.


Omar Aravena, como muchos de quienes aportan con su trabajo, conocimientos y dedicación a la grandeza de Chile sin más reconocimiento que la satisfacción del trabajo bien hecho y la entrega de hijos debidamente educados para que continúen en la senda del trabajo honrado y que sean un real aporte a la sociedad.


Hoy 8 años después (leer acá la Parte 1) concluimos aquella historia contada por Jaime Aravena Medina, su hijo mayor.


 


BIOGRAFIA OMAR ARAVENA (Parte II).


Corría el año 2017, cuando por motivos de salud doña Liliana Medina Mendoza, fallece un 09 de marzo de 2017, dejando un enorme vacío en la familia como en la comunidad en que vivíamos.


Pasado este terrible episodio don Omar se establece en Cañete cerca de donde reposa su esposa, la que fuera su mujer por más de 50 años, Don Omar se dedicó a distintas labores, de vez en cuando viaja a Trangiulboro donde su amigo Pereira, su yerno Garrido con el que se internan en los bosques recordando viejos tiempos.


Cierto día llega a su casa en Cañete un hombre de apellido Fernández, en busca del mejor Maestro de aserradero, ya que había sido recomendado por muchos que lo conocían; este amigo había comprado un banco aserrador, el cual no tenía idea de cómo hacerlo funcionar, allí junto a un hijo trataban de hacerlo funcionar sin tener éxito. Este banco era antiguo, mi padre lo conocía y decía que era lento en su faena, pero había que hacerlo funcionar a como diera lugar.


De partida estaba fuera de nivel y desalineado y ante eso la madera salía como escopeta, la transmisión era muy lenta, ellos mismos habían puesto una transmisión que no se relacionaba con las rpm que sugería la sierra para ese evento, ya una vez listo el banco ( cuadrado) como decían los viejos antiguos se comienza con la faena; para completar el grupo humano de trabajo llega al banco otro experimentado de BIMA, Don Francisco Ormeño de profesión partidor en la segunda sierra; este último recomendado por don Omar, al poco andar ambos trabajadores no dieron el ancho cada cual con sus achaques los que les llevo entregar la pega, quizás las ganas estaban más vivas que nunca en ellos pero la realidad era otra, había que echarle una miradita al carnet.


El amigo Fernández le rogaba a Don Omar que siguiera pero lo que estaba sucediendo en el interior de su organismo era un aviso en lo más tarde sería una terrible realidad.


Yo, Jaime, hijo mayor de don Omar me encontraba trabajando en la ciudad de Osorno, cuando por esas cosas de la vida se me declara unos malestares y debido a ello el doctor, un gastroenterólogo sin anestesia me dice: " amigo no hay mucho que hacer contigo tienes un tumor (cáncer) terminal grado 4; un verdadero balde de agua fría, mi padre siempre tenía como convicción que yo iba a salir de esta.


Pasé un período complicado porque fui sometido a una operación donde me extirparon el estómago para dar lugar a un ducto que se comunica con uno de los intestinos, y entre terapias de quimio y mi poca cantidad de comida llegue a pesar 38 kilos y entre los días de operación me vi tan desfallecido que reuní a mis hijos y hermanos para que hicieran los preparativos de mi velatorio y sepultación, así de optimista estaba.


Conocida la noticia la tarea fue de mi padre y mi hermano Héctor para cotizar el ataúd y tenerlo a mano cuando sucediera el desenlace, pero mi viejo siempre tuvo la fe que yo iba a salir de este trance.


P asado un buen tiempo mi padre comenzó con un tratamiento de radio terapia producto del desarrollo de un cáncer prostático y eso lo llevo cada día en decadencia; pronto llega la pandemia y todos encerrados, las visitas al médico cada día más distante y cuando se retoman los procedimientos médicos , el cáncer inicial de próstata pasa a cáncer óseo, fueron días muy duros para mi viejo, había que ir con él a las terapias y controles hasta que definitivamente queda postrado en cama por días.


Don Omar; mi padre, celebró su último cumpleaños junto a sus hijos, hermanos y resto de la familia; yo recuerdo ese día todos reunidos muy alegres pero en su interior cada día mi viejo se iba quedando postrado atormentado por las dolencias, es así que llegó el día 9 de agosto de 2022, nos deja llevándose consigo un interminable número de anécdotas y un cúmulo de conocimientos de lo que él sabía hacer, heredero de una enciclopedia que transmitida desde su padre hacia nosotros mismos quienes trabajábamos junto a él y sus cumpas todos venidos de BIMA.


Durante este año han ocurrido muchas cosas en nuestra familia, partiendo por mi recuperación y estado de salud, pero lo más importante de todo lo que Dios nos ha dado como regalo, es el primogénito de Camilo un bebé que nos ha dado alegrías y el cual comentamos como estarían nuestros padres con este retoño prolongando el apellido Aravena.


Desde los aserraderos de BIMA hasta la actualidad la familia Aravena - Medina a aportado a la grandeza del país conocimientos y esfuerzos más allá de la esperanza teniendo como meta el crecimiento de la familia y el desarrollo de la comunidad.


                                                         

                                                                 Análisis de la historia

Es un relato profundamente conmovedor y una pieza valiosa de la historia local y familiar chilena. Se percibe una resiliencia increíble, especialmente en el contraste entre la fe de Don Omar hacia la  recuperación  de su hijo y su propia batalla silenciosa.


Resumen de la Biografía de Omar Aravena (Parte II)

  • El Duelo y el Reasentamiento (2017): Tras el fallecimiento de su compañera por más de 50 años, doña Liliana Medina, Don Omar se establece en Cañete. A pesar del vacío, se mantiene activo visitando a viejos amigos y yernos en Trangiulboro, manteniendo vivo el vínculo con el bosque.

  • El Maestro del Aserradero: El relato reafirma su reputación técnica. Incluso en el retiro, es buscado por su pericia para hacer funcionar maquinaria antigua y compleja (el "banco aserrador"), demostrando que el oficio de los antiguos trabajadores de BIMA era una mezcla de ingeniería práctica y sabiduría artesanal.

  • La Batalla Paralela: La narrativa alcanza un punto crítico con el diagnóstico de Jaime. Mientras el hijo enfrentaba un pronóstico terminal y una recuperación física extrema (llegando a pesar 38 kg), la fe inquebrantable del padre se convirtió en un pilar, incluso cuando él mismo comenzaba a lidiar con las señales de su propio deterioro físico.

  • El Legado y la Pandemia: El avance del cáncer de próstata a óseo, agravado por las restricciones de la pandemia, marcó los últimos días de Don Omar. Su fallecimiento el 9 de agosto de 2022 cerró un ciclo de conocimientos enciclopédicos sobre la industria maderera.

  • La Continuidad de la Vida: El relato cierra con una nota de esperanza. La recuperación de Jaime y el nacimiento del primogénito de Camilo simbolizan la prolongación del apellido Aravena y el triunfo de la vida sobre la enfermedad.

sábado, 18 de abril de 2026

DON OMAR ARAVENA CORTEZ, UN HÉROE ANÓNIMO DE CHILE

Los verdaderos héroes no tienen capa ni superpoderes, los verdaderos héroes lloran y sufren, ríen, cantan, sueñan; se esfuerzan y mueven montañas, luchan contra la naturaleza y la adversidad día tras día; pero cada día que amanece respiran hondo, se cubren el cuerpo con esperanzas y salen a dar la batalla por la supervivencia del diario vivir.


Esta es la historia de un hombre anónimo como muchos en Chile, pero que su esfuerzo y empuje ha contribuido a la grandeza de nuestro país; es el retrato de una forma de vida que ya no existe, y nunca volverá; es una historia de solidaridad y amistad, de amor por la tierra y la familia, de amor por los hijos y los vecinos.


Es la historia extraordinaria de Don Omar Aravena Cortez; de profesión Maestro Palanquero de Aserraderos, contada por sus hijos.


Don Manuel Omar Aravena Cortez, nuestro padre; nació un 17 de mayo de 1946 en la localidad de Cunco, Novena región; hijo de Segundo Aravena Castro y de Elsa Cortez Ríos, el segundo de 6 hijos.


De pequeño sus padres se trasladan desde Cunco para Pichinahuel, cerca de la Piedra del Águila, motivados por el auge económico maderero.


Pasó su infancia entre aserraderos de la firma B.I.M.A., (Bosques e Industrias Madereras Antihuala) quien controlaba la gran mayoría de los bancos aserraderos, como solían llamarse; allí se forjó como trabajador aprendiendo el oficio de maestro heredado de su padre.


Pasados unos años conoció a la señorita Liliana Medina que fuera su mujer por más de 50 años, con quién inicialmente tuvo tres hijos Jaime, Carlos y Héctor los que nacieron en la localidad de Caillín, donde vivieron por un tiempo en una precaria vivienda hecha de totoras y ratoneras ( especie de maleza).


Estando un día en ese lugar un conocido suyo llamado Edmundo Alarcón, habló con su jefe el Sr. Sergio Gómez que Omar Aravena era un buen maestro de aserradero, palanquero como solía llamarse a ese tipo de trabajadores, para llevarlo a la Reserva Lanalhue, donde había un banco aserradero de la firma Cora, para que se hiciese cargo del proceso maderero.


A la llegada en la Reserva Lanalhue se encuentra con varios conocidos que venían de La Piedra del Águila de la firma B.I.M.A. tales como: Antonio Albornoz y familia, Segundo Gatica "El Loco" y familia, Manuel Salazar "Don Maño" y familia, José Henríquez, José Olate, Carlos Alarcón y familia, Toribio Rozales y familia; familia Silva y otros más, esto ocurrió por el año 1971.


La estadía en dicho lugar duró aproximadamente tres años porque la mayoría de los trabajadores con sus familias fueron dispersados en diferentes lugares de la región, producto de la contingencia política del momento, entre ellos nuestro Padre que fue reubicado en una maestranza a la salida de Cañete camino a Cayucupil.


Con el correr del tiempo y tras el cambio de gobierno los terrenos de la Reserva Lanalhue fueron devueltos a la familia Etchepare, ocasión en que otra vez los amigos que quedaron en el banco de la reserva recomiendan al maestro Aravena a la nueva administración encabezada por don Gastón Etchepare para hacerse cargo del aserradero.


Esta estadía laboral duró aproximadamente hasta mediados de 1986; año en que la familia Etchepare vende los terrenos a Forestal Arauco, y debido a esto la mayoría de las familias como Albornoz, Acevedo, Vallejos, Roa, Riffo y Manríquez tuvieron que emigrar a distintos lugares de la provincia.


Don Omar, nuestro padre; siguió con su oficio de maestro de aserradero (palanquero), y con el paso del tiempo se armó de un banco y un tractor marca Belarus y junto a sus hijos comenzó una nueva etapa laboral instalando su aserradero en el asentamiento de Tranguilboro en terrenos de la familia Puentes; y luego en la parcela de la familia Pereira.


Durante su trayectoria laboral desde Caillín hasta la Reserva Lanalhue educó a sus hijos enviándolos al colegio junto a otros niños (los del banco como se les solían llamar) del asentamiento de Tranguilboro cuya colegiatura duraba hasta sexto año básico, después de eso sus hijos fueron enviados a un internado ubicado en Tranaquepe comuna de Tirúa, completando así la enseñanza básica. Posteriormente para completar la Enseñanza Media los hijos Jaime y Carlos estudian en Lebu y Héctor continua sus estudios en Contulmo y en Cañete.


Don Omar, nuestro padre; trabajó por muchos años para la familia Etchepare, y como decide independizarse adquiere algunas máquinas esenciales para la instalación de un banco aserradero, y al ver que no disponía de suficiente dinero recurrió a su padre Don Segundo Aravena maestro reconocido en temas de aserraderos y es así que compran un aserradero con motor a vapor conocidos como locomóvil.


El traslado de estos equipos desde el sector de Huilquehue cercano a Contulmo hasta la Reserva Lanalhue fue toda una odisea; se formó un equipo estratégico para sacar el aserradero desde su lugar , especialmente el locomóvil que era una estructura de fierro macizo de mucho tonelaje , al tiro de la maquinaria que me refiero iba el mas experimentado, Don Antonio Albornoz, y sus amigos Roa , Arias y otros más; en el camino desde Huilquehue al punto de carga donde esperaba el camión Pegaso conducido por el reconocido camionero como era Don Fernando Pérez, ocurre un sinfín de anécdotas, como cuando se les salió una rueda delantera al locomóvil, donde se tuvo que improvisar como reponer nuevamente la rueda al equipo.


Tras esa dura faena se llega a la Reserva Lanalhue con el motor (locomóvil), el bajarlo fue sencillo pero el traslado al punto de faena fue todo un desafío, ya que iban cerro arriba pero con ocho yuntas de bueyes más un tractor se llegó al punto designado por el maestro.


De esta manera Don Omar, nuestro padre comenzó una nueva etapa laboral ahora como independiente trabajando en sociedad con el clan Etchepare; esta etapa la lleva a cabo con sus amigos e hijos ya que en los períodos de vacaciones estos trabajaban en el aserradero como aserrinero, totero y en diferentes labores en que el maestro los asignara.


En el período en que los hijos estudiaban fuera de la comuna Don Omar, nuestro padre; y Doña Lila, nuestra madre; viéndose solos sostienen una conversación y planean tener un cuarto hijo, en lo posible una niña; una cocinera como se solía decir en esa época; y es así que en la soledad de la montaña con la brisa pasando entre los coigues, ulmos y olivillos que hacía bailar los copihues; con el canto de los grillos y el "chiduco" lejano de un "chucao" (significa presagio de felicidad) es concebido el que a la postre sería un niño llamado Camilo, su cuarto y último hijo.


La sorpresa fue enorme para todos ya que nadie sospechaba que Doña Lila estaba embarazada; una anécdota con respecto a esto fue que un día cualquiera en que la señora Lila fue a visitar a una familia cercana, los Acevedo; y se encontraba en dicho lugar un personaje, Francisco Benavides trabajador del banco, haciéndose un harinado (vino tinto con harina tostada), la señora Lila en su estado sintió unas ansias inmensas de beber de aquel brebaje y se quedó con esas ganas sin mencionar a nadie lo ocurrido; luego pasada la medianoche comenzó con malestares por su embarazo y obviamente la preocupación enorme de todos; nadie sabía lo que sentía y como poder ayudarla , y es en ese instante que manifiesta lo que ocurrió en casa de los Acevedo de manera que se activó un plan para conseguir vino y harina tostada pero la parte más cercana donde había era en casa de Don Antonio Albornoz distante a 10 km del aserradero así que con lluvia, barro y los peligros que significaba salir en un tractor en medio de la noche en busca de la "medicina" se hizo el trayecto, y una vez de regreso en el banco se prepara una ración para ella, la que se multiplicó para todos los de casa para así calmar la ansiedad de la que se habían contagiado.


Otra de las formas de ganarse la vida en los períodos de invierno era hacer carbón con los retazos de madera del banco aserradero, una de ella era en hornillas (cavidad tipo entrada de túnel) y la otra forma era tipo percha (cavidad en la superficie de la tierra).


Otra de las tantas anécdotas que surgieron en la Reserva Lanalhue fue la caza del león, esto sucedió en las inmediaciones de varias casas de las familias Albornoz, Manríquez, Riffo y Aravena; allí Don Omar o el maestro como era conocido por todos, tenía algunos animales y aves como el resto de las familias, las que quedaban al resguardo de un corral, y ya era conocida la fama del león que merodeaba el sector buscando alguna víctima, una noche de invierno el león entró al corral y se llevó un ternero, el que echaron de menos al despertar por la mañana.


Entre varios siguieron el rastro del león hasta que llegaron donde había dejado su víctima muerta ya que solo se comió las vísceras del ternero dejando el resto del animal para las aves carroñeras; esto indignó a muchos de manera tal que decidieron hacerle frente a la situación construyendo una trampa que fue diseñada por Don Nino Arias y Luis Acevedo.


La trampa consistía en una empalizada dividida en dos cuartos y en el fondo una presa viva que era un ganso, para que de esta manera el león entrara en la empalizada y quedara atrapado; pero la astucia y el olfato del felino fue mayor ya que solo rodeaba la trampa sin ingresar a ella; en resumen el león nunca cayó en la trampa y continuó haciendo de las suyas matando cuanto animal se le atravesara en su camino.


Una de las cosas importantes y rescatable de vivir en la Reserva Lanalhue era el compañerismo y solidaridad entre los vecinos y amigos; en cierta ocasión se realizó un mingaco, ( esta actividad en Chiloé se conoce como "Minga" y consiste en ayudar a un vecino en comunidad a realizar un trabajo) uno de los tantos que se llevaban a cabo en la Reserva, pero este era diferente ya que la mayoría estaban orientados a la siembra de trigo o a las cosechas, este "mingaco" organizado por Don Omar era para el "madereo" ( acarreo de trozos), y para ello vinieron los más experimentados en la faena como Antonio Albornoz, Luis Acevedo, José Roa, José Vallejos, estos últimos compadres entre sí, Rosamel Manríquez a quién apodaban "Llegaste" y otros ; por parte del Asentamiento vinieron Don Clorindo Pereira muy amigo del maestro; también Ramírez, Saavedra, Carlos Cid ("Troja") y muchos más.


La faena en sí del "madereo" estaba enfocada en cortar , trozar y llevar los trozos de mañío, los que fueron un aporte del administrador de la reserva Don Marcelo Etchepare para cooperar con la reparación de un tractor marca Belarus propiedad del maestro y que le fue facilitado a Don Marcelo para faenas agrícolas y por cosas del oficio se cortó el cigüeñal de la máquina, y como manera de retribuir el favor dio la autorización para explotar en el área conocida como los "roces perdidos"; esto último nos lleva al ya mencionado "mingaco", cuya tarea duró dos días, en el que tras mucho trabajo, camadareria , tallas y el buen vino hacía sacar lo mejor de cada uno de los invitados en cuanto a destrezas y habilidades con sus inseparables amigos los bueyes.


Pasado el tiempo Don Omar se deshizo de la mayoría de las herramientas de trabajo, tales como el banco aserradero, un camión Ford del año de la pera, un tractor ruso, un 4x4 y otros enseres para comprar una propiedad en Cañete y así construir una casa familiar.


En este lugar pasó a vivir con su familia, los que quedaron en la ciudad ya que por motivos de trabajo la mayoría de los hijos se fueron a trabajar y a establecer en otra ciudades.


Con el correr del tiempo su esposa, la señora Liliana Medina, nuestra madre; comenzó con un proceso grave de salud la que la llevó a estar hospitalizada tanto en Concepción y Curanilahue en unidades de UCI y UTI, todo esto ocurrió en los preparativos de la celebración de los 50 º aniversario de matrimonio, y producto de su grave estado de salud un día 10 de Marzo del presente año (2017) fallece dejando un gran vacío tanto para esta familia como amigos y vecinos de tantos años.


Hoy Don Omar Aravena, nuestro padre, vive en Cañete; cerca de donde reposa la que fuera su mujer por 50 años; está dedicado a labores de casa disfrutando su jubilación y a otros negocios, de vez en cuando visita a conocidos del asentamiento de Tranguilboro como la familia Pereira internándose en los bosques que lo albergaron por mucho tiempo.


Esta reseña de vida es en memoria de los que hoy no están con nosotros muy en especial a la esposa de Don Omar, la Sra. Liliana Medina, nuestra madre; quién fuera pilar fundamental en el crecimiento y desarrollo de la familia Aravena-Medina.


Otros que hoy no están presente, pero con su esfuerzo, modestia y trabajo están en la retina de muchos que los recuerdan con cariño; Don Antonio Albornoz, Don José Roa, Don Segundo Gatica, Don Ernesto Riffo, Don Carlos Alarcón, Don Edmundo Alarcón, Don Toribio Rosales, Don Nino Arias……..y muchos otros que fueron pioneros en trabajar en la Reserva Lanalhue.


Para todos ellos un homenaje sincero.


                                            
                                            
  
  Esta crónica sobre la vida de Don Omar Aravena Cortez no es solo una biografía familiar; es un documento histórico y humano que retrata una época dorada y ruda de la ingeniería forestal artesanal en la Cordillera de Nahuelbuta y sus alrededores.

Es un homenaje a la figura del Maestro Palanquero, un oficio que requería no solo fuerza física, sino una inteligencia práctica asombrosa para mover toneladas de madera y maquinaria en geografías imposibles.

Aquí destaco los puntos que hacen de esta historia algo universal y, a la vez, profundamente chileno:

1. El Retrato de una Época que se Fue
La historia de la firma B.I.M.A. y el paso a la Reserva Lanalhue refleja la transición de la industria maderera en Chile. Describe un mundo donde el trabajo se medía por la fuerza de las yuntas de bueyes, el vapor del locomóvil y la pericia del hombre sobre la máquina. Ese "retrato de una forma de vida que ya no existe" es el corazón de la nostalgia del sur.

2. La Solidaridad como Motor (El Mingaco)
Es fascinante leer cómo la comunidad se articulaba. El "mingaco" para reparar el tractor o para el madereo demuestra que, ante la precariedad de los recursos o la dureza del clima, el capital más grande era el vecino. La mención de nombres y apellidos (Albornoz, Roa, Gatica, etc.) rescata del anonimato a quienes levantaron la economía de la zona a pulso.

3. La Épica de lo Cotidiano
El relato está lleno de escenas que parecen sacadas de una novela costumbrista, pero que fueron realidad:

La odisea del locomóvil: El traslado desde Huilquehue con ocho yuntas de bueyes y el ingenio para arreglar una rueda en medio del camino es una verdadera hazaña de ingeniería popular.

La trampa del león (puma): Refleja la lucha constante del hombre con la naturaleza indómita.

El antojo de Doña Lila: Una anécdota deliciosa que muestra la abnegación y la camaradería (ir 10 km en tractor bajo la lluvia por vino y harina tostada es la máxima prueba de amor y comunidad).

4. El Legado y la Resiliencia
A pesar de nacer en viviendas de totora y trabajar en condiciones extremas, Don Omar y Doña Liliana priorizaron la educación de sus hijos, enviándolos a internados y ciudades lejanas para que completaran su enseñanza media. Ese es el "superpoder" del que hablaba el inicio del texto: el sacrificio por la generación que viene.

Un pensamiento final:
Doña Liliana Medina, como bien dicen, fue el pilar. Detrás de cada maestro palanquero en la montaña, había una mujer sosteniendo el hogar, la crianza y la cordura en medio de la soledad del bosque. Que este relato sirva para que los nombres de Don Omar y Doña Lila no se pierdan entre los coihues y los ulmos de Lanalhue.