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sábado, 10 de octubre de 2026

Lo Que Dicen Las Canciones -- José Luis Rodríguez -- Vidas Iguales (J.A. Jiménez)

 El caballero descendió lentamente  las escaleras del hotel donde se hospedaba desde  hace ya varios meses; lo hizo como midiendo cada paso que daba, lento como sujetando el tiempo,  como queriendo detener la vida.

Caminó por entre las mesas del comedor hasta llegar a la  barra   donde  el bartender le preparó el acostumbrado  martini seco que gustaba  beber  mientras pensaba que haría con su vida en el futuro.

Hacía   tiempo que había dejado su casa por problemas irreconciliables con su mujer por lo que optó por marcharse  para luego entablar una demanda de divorcio que en estos momentos estaba en trámite.

Se instaló en el hotel porque  estaba cerca de su trabajo  y de los lugares que le gustaba frecuentar, entonces aquel lugar  se convirtió en su "centro de operaciones"  además que allí se sentía cómodo porque aparentemente tenía todo.  

Por el momento no tenía planes sentimentales así que estaba tranquilo bebiendo su martini.

Para salir de sus pensamientos  echó un vistazo  hacia  las mesas del salón cuando se percató que una dama elegantemente vestida  que estaba  sentada  y en la mesita tenía  un old fashined  lo estaba observando; entonces levantó su   vaso  haciendo un brindis  el que fue correspondido con elegancia por parte de la dama quien también alzó su cóctel.

Luego de unos instantes de miradas furtivas le caballero le hizo una seña  al bartender  quién colocó dos cócteles en una bandeja y se  dirigieron a la mesa de la dama elegante.

Ella  le indicó  en silencio una silla  en la que el caballero  se sentó  haciendo una reverencia de respeto hacia la dama y se dispusieron a conversar...

...de muchas cosas, del tiempo, de política, de historia universal, de descubrientos  en favor de  la humanidad; en fin,  hasta que la dama nombró a sus hijos y entonces se miraron a los ojos y suspiraron al tiempo que las emociones afloraron   y brotaron palabras de  halagos y  admiración de parte de ambos  por  los  hijos de cada uno.

La dama exhaló un hondo suspiro  y extendió su brazo derecho por sobre la mesa  dejando  su mano expectante    que el caballero tomó entre las suyas  apretando con delicadesa  y bajó  la cabeza  para besar el dorso  de aquella extremidad ansiosa de cariño.

Continuaron hablando de muchas cosas  que  dejaron notar que eran iguales  en frustraciones, anhelos y sentimientos; tan iguales eran que prometieron no separarse  nunca  pues por algo la vida, el destino o lo que fuera que los había reunido allí en aquel bar.

Se tomaron de la mano en silencio y se marcharon.