El caballero descendió lentamente las escaleras del hotel donde se hospedaba desde hace ya varios meses; lo hizo como midiendo cada paso que daba, lento como sujetando el tiempo, como queriendo detener la vida.
Caminó por entre las mesas del comedor hasta llegar a la barra donde el bartender le preparó el acostumbrado martini seco que gustaba beber mientras pensaba que haría con su vida en el futuro.
Hacía tiempo que había dejado su casa por problemas irreconciliables con su mujer por lo que optó por marcharse para luego entablar una demanda de divorcio que en estos momentos estaba en trámite.
Se instaló en el hotel porque estaba cerca de su trabajo y de los lugares que le gustaba frecuentar, entonces aquel lugar se convirtió en su "centro de operaciones" además que allí se sentía cómodo porque aparentemente tenía todo.
Por el momento no tenía planes sentimentales así que estaba tranquilo bebiendo su martini.
Para salir de sus pensamientos echó un vistazo hacia las mesas del salón cuando se percató que una dama elegantemente vestida que estaba sentada y en la mesita tenía un old fashined lo estaba observando; entonces levantó su vaso haciendo un brindis el que fue correspondido con elegancia por parte de la dama quien también alzó su cóctel.
Luego de unos instantes de miradas furtivas le caballero le hizo una seña al bartender quién colocó dos cócteles en una bandeja y se dirigieron a la mesa de la dama elegante.
Ella le indicó en silencio una silla en la que el caballero se sentó haciendo una reverencia de respeto hacia la dama y se dispusieron a conversar...
...de muchas cosas, del tiempo, de política, de historia universal, de descubrientos en favor de la humanidad; en fin, hasta que la dama nombró a sus hijos y entonces se miraron a los ojos y suspiraron al tiempo que las emociones afloraron y brotaron palabras de halagos y admiración de parte de ambos por los hijos de cada uno.
La dama exhaló un hondo suspiro y extendió su brazo derecho por sobre la mesa dejando su mano expectante que el caballero tomó entre las suyas apretando con delicadesa y bajó la cabeza para besar el dorso de aquella extremidad ansiosa de cariño.
Continuaron hablando de muchas cosas que dejaron notar que eran iguales en frustraciones, anhelos y sentimientos; tan iguales eran que prometieron no separarse nunca pues por algo la vida, el destino o lo que fuera que los había reunido allí en aquel bar.
Se tomaron de la mano en silencio y se marcharon.