La penumbra de la habitación era aterradora y la escena en el centro de ella daba a entender que nada bueno sería el resultado de aquel momento.El hombre estaba sobre una silla pequeña que a duras penas soportaba el peso y tenía una soga alrededor de su cuello y el otro extremo estaba atada a una viga del techo.
Tenía los ojos cerrados, la boca reseca y su pecho se agitaba con la respiración acelerada por la ansiedad que en ese momento impregnaba sus pensamientos.
Desde hacía un tiempo todo era oscuridad en su vida, aquel hombre luego de ver la partida de personas amadas por él y malas desiciones en su forma de vida en un acto de rebeldía se sumergió en el vicio del alcohol y las drogas. Pero esa decisión al contrario de traer paz a su corazón trajo la desdicha y la pérdida del respeto a sí mismo y se fue hundiendo cada vez mas en la miseria del abandono del que no hay posibilidades de salir y recuperarse.
Todo aquello hasta que hundido en la desesperación y angustia de perder la cordura pensó en la única solución veraz que daría paz a su visión trastocada de la vida.
Se encerró en su habitación, buscó entre sus pertenencias un pedazo firme de cordel y una silla pensando para si mismo: esto se termina ahora.
Hizo un movimiento con los pies para que la silla cayera y quedar colgado de la viga que acabaría con su calvario; pero...nosotros no decidimos esas cosas pues la vida no nos pertenece aunque lo creamos así, con el movimiento que hizo para derrumbar la silla y al momento de quedar pendiente de la soga en un acto inexplicable esta se cortó y el hombre cayó al piso quedando allí inerte por varios minutos.
Al rato comenzó a recobrar la conciencia y repasando los últimos días de su vida hasta el instante que subió a la silla para quitarse la vida le pareció ver un destello de luz frente a sus ojos.
Al momento de otear en la semioscuridad, su cerebro comenzó a disipar la niebla que lo envolvía, su corazón dejó de agitarse y el temblor y ansiedad de su cuerpo fue amainando.
Se levantó del piso y se sentó en la silla que minutos antes era su cadalso y metiendo sus dos manos por entre sus cabellos para luego restregar sus mejillas y poniendo sus codos sobre sus rodillas afirmó su mentón en sus manos y pensó.
Luego de estar en esa posición por incontables minutos se levantó caminó hasta una llave y mojó su rostro, luego mirándose en un espejo que había frente a él se dijo a sí mismo: esto va a cambiar.
Se arrodilló frente a una imagen del Señor y le preguntó ¿que quieres que haga? y el rostro del hombre comenzó a iluminarse con una luz como venida del cielo que demostró que había encontrado la paz que buscaba.
Al otro día, temprano luego de desayunar salió de su casa, hizo parar un taxi pidiendo al conductor que lo llevara hasta una dirección que le indicó.
Cuando llegaron al lugar era una casa enclavada en los límites de la ciudad y tenía un gran jardín y albergaba una reja perimetral con un pequeño portón peatonal en la entrada y que en su parte superior ostentaba un letrero que decía: No se deje abatir por las drogas y el alcohol; venga, solo tiene que entrar y nos hacemos cargo.
Cogió la pequeña maleta que llevaba, abrió la puerta y entró al lugar.