miércoles, 1 de julio de 2026

Réquiem a David Carrillo

 



Conocí a David Carrillo en una oportunidad en que había un baile en el casino del Club de Huasos y él actuaba con una agrupación llamada “Los Tripailaos”. Como estaba cantando unos boleros, me gustó el color y la tesitura de su voz, que la hicieron interesante para mis oídos, acostumbrados desde niño a escuchar este género musical.


Con el tiempo comencé a verlo en cada show que se realizaba en el Teatro Municipal y, especialmente, en “Impacto 158”, que se transmitía a través de la emisora. Me llamaba profundamente la atención el respetuoso silencio que se producía cuando cantaba; un silencio casi devocional, que estallaba en un estruendoso aplauso al término de cada canción.


Nos hicimos amigos y era una persona completamente de bajo perfil, muy caballero y respetuoso; una bella persona.


David Carrillo sufrió ese síndrome que afectó a muchos cañetinos en el pasado: el apego al terruño. No miraron horizontes más lejanos, donde con toda seguridad habrían sido exitosos, porque talento les sobraba. Puedo nombrar a Leonor Jara, que era un remolino en el escenario; a Rosa Acuña, con sus canciones de Tormenta; a la infantil Yaquita; a Violeta Medrano y a tantos otros que se pierden en la oscuridad del tiempo.


Mención especial merece Conrado Cartes, que no quiso venir al “Festival de la Una”, animado por Enrique Maluenda, cuando Germán Salas Torres quiso traerlo, porque no estaba interesado. Con seguridad, la historia habría sido diferente, porque tenía una voz superior a la de Cristóbal.


Pero la diosa Fortuna estaba a punto de tocar la puerta de David Carrillo.


Por los años 1974-1975 se creó en Chile un nuevo sello discográfico llamado “Le Cascade”, donde Jorge Oñate, quien fue productor musical chileno y ejecutivo de la filial chilena de la disquera transnacional Industrias Eléctricas y Musicales Odeon S.A. (actualmente EMI Music), se haría cargo de lo que precisamente sabía hacer con autoridad: descubrir nuevos talentos. Para ello se creó un plan nacional de festivales a través de cada emisora local existente en el país.


Jorge Oñate estaría presente en cada uno de estos festivales en calidad de presidente del jurado para tomar nota del ganador, y la recaudación del evento serviría de apoyo económico para la producción del disco del artista en cuestión.


Bueno, en Cañete no se esperó la llegada de Jorge Oñate para realizar el festival, que fue de una calidad apoteósica, con la participación de aspirantes provenientes de muchos lugares de la provincia y de sus alrededores.


Al final quedaron tres participantes optando al codiciado primer lugar: David Carrillo, un señor de Lebu que cantaba “El mundo”, de Jimmy Fontana, y un tercero cuyo nombre no recuerdo.


En el momento de mencionar al ganador, había que entregarle inmediatamente el “borderó” —lo digo así porque se usaba mucho el término—; pero el animador del certamen, contradiciendo la decisión del jurado, que daba por ganador a David Carrillo, otorgó el primer lugar al señor de Lebu.


Conociendo la rivalidad existente entre las dos ciudades, solo deben imaginarse lo que ocurrió dentro del Cine Plaza, afuera en la calle y en la Plaza de Cañete, donde se produjo una verdadera guerra campal entre cañetinos y lebulenses.


Lo peor fue que, mientras el ganador cantaba su canción, el animador escapó con la recaudación (el borderó), de modo que ninguno recibió nada.


Hoy, a pocos días de su partida, vuelven a mi memoria su voz, su caballerosidad y aquella humildad que siempre lo caracterizó. David Carrillo se ha ido físicamente, pero permanecerá en el recuerdo de quienes tuvimos el privilegio de escucharlo y de conocer al hombre sencillo que habitaba detrás del artista.


Su voz se ha silenciado en la tierra, pero, como ocurre con los verdaderos cantores, seguirá resonando en la memoria y en el corazón de su gente.


Lamento mucho la partida de David Carrillo  porque  cuando fallece alguien que formó parte de la vida cultural de una comunidad y de nuestros propios recuerdos, también se va una parte de nuestra historia y de nuestra juventud.


Y Jorge Oñate nunca vino a Cañete.

domingo, 28 de junio de 2026

Andanzas Diurnas De Dos Bohemios// Recordando a David Carrillo

Recordando a David Carrillo, que ha partido a los escenarios celestiales, donde con seguridad su versión de “Granada” causará sensación.
Sería por abril del año 1975 cuando, estando tranquilamente recostado en mi cama, alrededor de las dos de la tarde, mi mamá me avisó que alguien, a quien ella no conocía, me buscaba.
Era David Carrillo, el mejor cantante popular que había en Cañete por ese tiempo, quien llegaba hasta mi casa para pedirme un favor.
Sucede que le habían prestado unos discos para que aprendiera algunas canciones para futuras actuaciones y, como él no tenía tocadiscos, había acudido a Juanito Sanhueza Yévenes para que le prestara uno.
Juanito Sanhueza (Q.E.P.D.), con la gentileza que lo caracterizaba, le dijo que el único que podía prestarle me lo había pasado a mí y que viniera a hablar conmigo.
Le dije a mi amigo David Carrillo que no tenía ningún reparo en pasarle el tocadiscos, pero había un pequeño problema: este estaba donde mi abuelita Hortensia Arriagada, en la Población Santa Clara, es decir, en el extremo norte de Cañete.
David Carrillo me pidió que fuéramos a buscarlo, así que nos encaminamos hasta la casa de mi abuelita Hortensia y, una vez allí, David comenzó a examinar los discos que yo tenía, encontrando varios que se ajustaban al estilo de canciones que él interpretaba.
Ahora a mi amigo David Carrillo se le presentó otro problema: el tocadiscos no tenía amplificador, por lo que había que conectarlo a algún equipo para hacerlo sonar. De todas maneras, quiso llevarlo.
Nos encaminamos hasta la casa de David, que vivía a una cuadra de la Plaza Caupolicán; es decir, nuevamente debíamos cruzar Cañete caminando.
Mientras uno llevaba el tocadiscos, el otro lo hacía con los discos que David había escogido para aprender algunas canciones.
En la esquina de Uribe con Mariñán, David Carrillo se encontró con un amigo, quien preguntó en qué andábamos. David le contó y, de paso, le comentó que faltaba un receptor de radio u otro equipo que tuviera conexión para un tocadiscos. Entonces el amigo dijo que tenía uno y que lo podía prestar. Fuimos hasta la casa de ese amigo a buscar un equipo de radio para que, al fin, David pudiera escuchar los discos.
Nos fuimos por la calle Mariñán hacia el sur y, al cruzar la calle Esmeralda, David se detuvo en la puerta de la cantina de la familia Olate, que atendía don Edelberto Maximiliano Olate Salazar, conocido por todos como “Peta”. Allí, David Carrillo nos dijo de manera muy ceremoniosa:
—Cabros, para compensar la buena voluntad que han tenido, los voy a invitar a servirnos una botella de vino aquí.
Entramos al lugar, recorriendo un pasillo que daba a unas piezas interiores que se usaban como reservados y que tenían unas mesas con algunas sillas.
Fue cosa de llegar hasta el interior y comenzaron los saludos de los feligreses asiduos al lugar, que se encontraban en ese momento esperando, tal como lo mandó el Señor, compartir “el vino que era sangre de su sangre”.
Entre todos ellos, recuerdo que estaba Reynaldo Varela, conocido como “Varelita” por su baja estatura y que era mi tío abuelo por estar casado con una de mis tías Rivera-Torres, hermana de mi abuelita Hortensia Arriagada Torres.
Fue precisamente “Varelita” quien, en un momento dado, dijo:
—Ya pues, muchachos; pongan música.
Instalamos todo y pusimos un disco de Javier Solís. Mi pariente “Varelita” subió a una mesa para hacer doblaje, lo que motivó la euforia de los feligreses, mientras cumplíamos el mandato divino de compartir el vino. Locura total todo aquello.
No recuerdo cuánto rato estuvimos allí; pero, al retirarnos, el amigo de David le comentó que en la “Peluquería Vera” estaban de fiesta y no tenían música, así que podríamos ir hasta allí.
Le hicimos ver que no conocíamos a nadie y que no nos habían invitado, pero este amigo insistió, diciendo que lo único que deseaban era que llegara alguien con música.
Bueno, nos encaminamos hasta el lugar, en calle Segundo de Línea, que distaba una cuadra y media y, sin decir “agua va”, nos introdujimos en el domicilio y, al grito de:
—¡Llegó la música, llegó la música!
Instalamos nuevamente nuestros equipos y comenzamos a amenizar aquella fiesta. Dicho sea de paso, coincidimos plenamente con la concurrencia, que eran puros adultos, y con el tipo de música que llevábamos.
Todos, contentos, se pusieron a bailar hasta que, cuando había pasado como una hora, alguien preguntó de qué planeta habíamos llegado nosotros (no falta la señora metiche); es decir, quién nos había contratado.
¡Nadie nos conocía!
Resultado: desarmamos nuestros equipos; tranquilamente nos retiramos y David Carrillo quedó en su casa, su amigo se fue para la suya y yo me fui a la mía…
…y nunca supe si David Carrillo se aprendió o no alguna de aquellas canciones.

martes, 23 de junio de 2026

Lo Que Cuentan Las Canciones -- Tito Fernández -- El Entierro.

Un cuento de la noche de San Juan

Era la noche de San Juan y llovía tanto que los torrentes de agua se estaban llevando todo a su paso.
Los canales y las vegas ya no eran capaces de contener mas agua y los camarones y pidenes estaban emigrando hacia las alturas de las lomas.
Pero la decisión de aquel grupo de hombres curtidos por una vida llena de necesidades ya estaba tomada, no había vuelta atrás.
Se aperaron con palas, chuzos, picotas y se cubrieron con mantas y sombreros añejados por el tiempo y el sol.
Los morrales; 10 en total, uno para cada hombre los envolvieron en un solo paquete para cargar con mayor facilidad.
Alguien hizo aparecer unas botellas con aguardiente de las que degustaron varios tragos porque el frío calaba hasta los huesos.
A las 9 de la noche partieron rumbo hacia donde estaba la higuera que según contaban los antiguos exactamente a medianoche florecía y se iluminada lo que hacía entender que había un tesoro oculto a sus pies.
Hasta la fecha nadie se había atrevido a probar suerte por temor al maligno.
También se proveyeron de unos faroles hechos con tarros de café con un vidrio por delante, abiertos en la parte trasera y en su interior una vela para poder caminar por entre la oscuridad.
Calcularon que con dos horas de caminata tenían suficiente para llegar a su destino porque una vez que la higuera se iluminara al florecer debían comenzar a cavar a su alrededor; eso según la leyenda.
Caminaban un poco y se repartían un vaso de aguardiente para pasar el frío y darse ánimo porque estaba la posibilidad cierta de encontrarse con el "cachudo" quién llegaba a buscar la flor; eso según contaban los antiguos.
Llegaron hasta la higuera media hora antes de la medianoche, se sentaron a descansar y beber otros tragos de aguardiente porque las dentaduras crujían por el frío y la lluvia que no amainaba.
Esa media hora fue una eternidad, los cuerpos curtidos por el trabajo y el trago que aparentemente a nada temen comenzaron a temblar de nervios y escalofríos que recorrían las espaldas de cada uno.
Faltando un minuto para la medianoche el que llevaba reloj dijo: "ya mierda, estamos a punto de hacernos ricos, no se asusten por lo que vean".
15 segundos, 10 segundos, 5 segundos, 4 segundos, 3 segundos, 2 segundos, 1 segundo y en el instante en que el reloj marcó la medianoche desde el follaje de la higuera emergió una luz tan brillante como el sol que por un momento quedaron estupefactos y maravillados, sin atinar a reaccionar.
De pronto uno de los hombres gritó: ¡¡por la madre empecemos a picar!! y saliendo como de un letargo comenzaron a cavar con fuerza alrededor de la higuera; y la lluvia no amainaba.
A los pocos minutos; cinco tal vez, la luz se apagó y tuvieron que encender los faroles de vela para alumbrar y ver donde cavaban... y cavaron...cavaron...cavaron hasta que el cansancio los derrotó junto con la desilusión reflejada en sus rostros.
La lluvia comenzó a amainar y aquellos hombres derrotados por la naturaleza y la efímera ilusión de volverse ricos se sentaron a beber aguardiente hasta secar las botellas.
Como a las 3 de la madrugada emprendieron el camino de regreso cabizbajos y apesadumbrados por la mala suerte de sus vidas.
Ni siquiera los faroles alumbraban porque las velas eran un montón de cera derretida.
Ya comenzaba a amanecer y el sol debilmente asomaba en el horizonte y estos hombres pensaron que era el momento de enyugar los bueyes y volver al trabajo duro como la vida que les había tocado.
Cuando llegaron a sus casas y al momento de despedirse, el del reloj dijo: "que tal si el año próximo lo intentamos de nuevo porque tal vez el tesoro "se corrió", como dicen los abuelos que a veces pasa".
Hecho, dijeron todos y se fueron a sus casas.



sábado, 13 de junio de 2026

Una Historia Fantasiosa -- El Cóndor Porfiado

 Tendría unos 14 años cuando me fui hacia El Porvenir a la casa de mi abuela Aída como tantas veces lo hice porque me gustaba mucho estar allá.

Caminaba desde Cañete los 20 kilómetros que me separaban del lugar. Me gustaba caminar.
Antes de entrar a la villa de Cayucupil había muchos lugares desde donde los manzanos colgaban ramas hacia el camino así que "robaba" unas cuantas para hacer más entretenido el viaje.
Después de pasar el caserío de Butamalal Bajo justo en una curva desde un roquerío había una vertiente con agua cristalina y natural pero muy helada; helada del verbo helada que parecía que a uno le corría los sesos al beberla. Era muy rica eso sí.
Ir por ese sendero era toda una proeza porque se levantaba mucho polvo al caminar.
Luego justo donde Don Eliecer Pincheira comenzaba la eterna peregrinación cerro arriba a paso lento por un camino siempre de tierra así las manzanas "robadas" en Cayucupil cumplían apropiadamente su propósito.
Como a las 3 de la tarde llegué ese día donde mi abuela Aída quien se alegró mucho al verme porque siempre tenía una tarea para asignarme. Tarea que yo cumplía a cabalidad.
En esta oportunidad no fue la excepción porque al ratito de verme me dijo: qué bueno que vino, hijo; porque necesito que alguien cuide las ovejas porque el cóndor ha estado atacando.
--No se preocupe, abuela -- le contesté--; ya vine así me entenderé con ese pajarraco.
Al día siguiente me vestí a la usanza local, es decir en los pies con retobos y ojotas, unos "bluyines" que me pasó mi abuela, una camisa tipo escocesa, un chaleco y una manta de lana, por supuesto que también una chupalla para capear el sol.
Busqué una vara de luma de unos 2 metros para usar a la manera de Moisés y "me las eché" para el lugar donde estaban las ovejas que era algo distante. Serían unas 60 ovejas.
Me senté sobre unos troncos y me afirmé en la vara de luma que había llevado; me agaché con la chupalla sobre los ojos y quedé quieto para no molestar las ovejas.
De pronto las ovejas se apiñaron balando en demostración de nerviosismo así que me puse en alerta porque pensé que podía ser el león que rondaba por ahí.
Las ovejas se movían en un grupo muy compacto lo que demostraba que el peligro para ellas estaba cerca.
De pronto una sombra se dibujó en el suelo lo que hizo que yo mirara hacia el cielo y allí estaba el cóndor planeando sobre nosotros y ver ese espectáculo es una maravilla; tres metros de alas abiertas es realmente algo que pocos tienen la oportunidad de contemplar en su vida.
Pero él estaba allí por una razón y yo era el antagonista de sus motivos así que me preparé para cuando atacara.
Planeó varias veces sobre las ovejas como estudiando la situación así que sigilosamente me ubiqué en medio del rebaño.
De pronto el cóndor tomó cierta altura y se lanzó cual kamikaze sobre el rebaño y cuando estaba a punto de agarrar una oveja le propiné un garrotazo con todas mis fuerzas con la vara de luma que tenía; la pobre ave cayó al suelo al tiempo que saltaron algunas plumas.
Como pudo se levantó y luego de aletear un poco como comprobando que sus alas estuvieran bien se echó a volar.
Pasaron como 20 minutos cuando apareció la sombra del cóndor nuevamente sobre nosotros; me dije a mí mismo: este compadre no aprende ni se tiene compasión.
Nuevamente hizo unos sobrevuelos tal vez escogiendo la oveja que se llevaría.
Tomó altura y se lanzó nuevamente sobre el rebaño de ovejas que balaban y corrían en círculos cortos a manera de protección.
Nuevamente cuando estuvo a punto de agarrar una oveja le propiné otro garrotazo con todas mis fuerzas que salió rodando varios metros más allá.
Ahora se puso de pie con mucha dificultad y aleteó lentamente, como sintiendo dolor en las alas, hasta que se echó a volar con bastantes problemas.
Me dije a mí mismo y hablé fuerte para que escucharan las ovejas también: este compadre ya no regresa.
Me senté nuevamente en un tronco y pensaba que ese cóndor se dormiría con hambre y al día siguiente tal vez fuera a otro lugar a buscar comida.
Pasaron como 40 minutos cuando nuevamente se dibujó la sombra del cóndor sobre el suelo y comenzó a sobrevolar nuevamente el rebaño de ovejas; yo no podía creerlo, además la sombra tenía algo raro porque solamente se veía una sola ala.
De pronto y sin decir agua va el cóndor se lanzó furiosamente sobre las ovejas que corrían en círculos apiñadas herméticamente así me costó bastante ubicarme en el centro del rebaño.
Miré hacia arriba y el cóndor venía volando solamente con un ala pero tan rápido como se acercó le propiné otro garrotazo que cayó penosamente al suelo.
Me quedé mirando al pajarraco y pude darme cuenta que la otra ala la traía en cabestrillo y la cabeza con un vendaje.
Esta vez no aleteó ni se fue volando, caminó dificultosamente recogiendo un palo el que usó a modo de muleta en el ala que tenía buena y se fue caminando; cuando estuvo a una distancia prudente dio media vuelta, me quedó mirando fijamente y me dijo:
"Tenís poco respeto con el escudo nacional hijo de tu... santa madre"... y se perdió por entre los arbustos.
Y colorín colorado, este cuento se ha acabado.


lunes, 8 de junio de 2026

Nuestra Noche

 Programa "Nuestra Noche" inicios de marzo de 1980

Locutor: Germán Salas Torres
Radiocontrolador de sonido: Francisco Flores Olave.
El tiempo va poniendo cada cosa en su lugar al tiempo que demuestra que la vida es algo así como un rompecabezas porque muchas veces hacemos algo que no tiene mucho sentido ni muchas pretensiones en su momento, pero se hacen.
En marzo de 1980 regresé a Cañete y específicamente a trabajar a Radio Millaray, única emisora local por aquellos entonces.
Estando en Santiago había conocido unas niñitas pequeñas muy amorosas a las que se me ocurrió enviar un saludo en un casette a través del programa nocturno misceláneo "Nuestra Noche" conducido por Germán Salas Torres actualmente locutor en C.D. 97 Radio Austral A.M. de Valdivia y Radio Amanda FM 89.7 de Temuco Chico- Los Alamos.
El casette anduvo de cajón en cajón en los muebles de mi casa por mas de 45 años y al reencontrarme con él y digitalizarlo me di cuenta que ahora no es un simple casette, sino una cápsula del tiempo que nos permite escuchar la forma de hacer locución por esos años y en especial lo bonita que era la música que se tocaba en las distintas emisoras del país.
Lamentablemente solo grabé una hora del programa que duraba 120 minutos que como dije antes no tenía mayores pretensiones sino solo acompañar durante la época de verano y conversar temas livianos.
Tuve que cambiar 5 temas que estaban grabados en formato monofónico por versiones en stereo porque habían sufrido el inexorable paso del tiempo.










viernes, 5 de junio de 2026

Los Laberintos De La Fiebre

Poco a poco la insconciencia cerró mi mente y no supe de mi porque al momento de cerrar los ojos se abrió un portal en una de las paredes de mi casa que me ofreció un mundo irreal que me tragó en un laberinto de luces y oscuridad que eran maravilosas a pesar de lo lúgubre del lugar.
A poco andar por un callejón oscuro y siniestro me encontré de improviso con una nave desconocida y con unos seres muy altos enfundados en unos trajes brillantes que me miraron fijamente al tiempo que escaneaban mi cuerpo mostrando mi estructura en un monitor en un costado de la nave y el escaneo a mi figura ofreció una lectura en colores verdes motivo por el cual me dejaron proseguir mi camino.
Comencé poco a poco a caminar por un sendero a media luz, algo así como un atardecer sintiendo una presencia a mi lado que no pude descrifar.
De pronto la suave y tierna voz de mi esposa la escuché desde la lejanía diciendo: papi, regresa; despierta. Abrí los ojos y estaba en mi cama semiinsconciente sin saber a ciencia cierta que había pasado.
Quedé pensando en la experiencia vivida al tiempo que la fiebre minaba mi resistencia y me resistía a mi propio existir.
Cerré los ojos y en la otra muralla de la habitación nuevamente se abrió un portal desde donde emergieron unos duendes que me hablaban pero yo no entendía que cosas decían, trataba de identificar unos grandes pájaros azules como la tristeza que venían con ellos, luego de aquella ceremonia tratando de comunicarse conmigo cruzaban las murallas y se marchaban dejando mi cabeza hundida en interrogantes que no sabía si eran productos de la fiebre que me atormentaba o eran recuerdos de malas acciones en mi vida.
Estando al borde de la desesperación producto de la inmensa fiebre que cada vez me volvía más y más loco vi de la nada abrirse un portal lleno de luz celestial con un coro que me invitó a entrar en él.
Encaminé mis pasos siguiendo aquella luz maravillosa que no tenía semejanza con nada conocido pero había enormes palacios de bellísimos colores rodeados de flores llenas de fragancia indescriptible con árboles que eran luminarias de un camino que me invitaba silenciosamente a seguir su ruta, no había frío ni calor allí pero si una paz y un bienestar que me impulsaba a seguir adelante por senderos brillantes de maravillosas luciérnagas y el dulce zumbido de alas de libélulas que me hicieron olvidar toda mi vida pasada.
De pronto en una curva de aquella senda maravillosa estaban muchas personas que hacía tiempo habían partido y al verme se alegraron mucho extendiendo sus manos para tocarme; estaban allí mis abuelos, mis padres, mis hermanos y mis amigos que me antecedieron. Los miré a todos, uno a uno y deseé quedarme allí...
...en mi insconciencia nuevamente escuché la dulce voz de mi esposa que me decía: papi, regresa, vuelve conmigo, vuelve conmigo...y regresé porque no pude resistir a esa voz dulce que he escuchado por tantos años.
Abrí los ojos, se cerró el portal y comencé a recuperar la cordura y mi salud comenzó poco a poco a restablecerse.

miércoles, 29 de abril de 2026

Lo Que Dicen Las Canciones: Yaco Monti -- Ayer se fué


Era una calurosa tarde de verano del mes de febrero cuando el joven contemplaba desde la ventana como pasaba la gente por la calle buscando la anhelada sombra que mitigara un poco los fuertes rayos del sol.

De pronto una juvenil voz sacó de sus pensamientos al joven:

--Hola, ¿como te llamas? mientras una sonrisa angelical dejaba ver unos dientes blancos y alineados perfectamente, unos lentes ópticos dejaban ver unos hermosos ojos claros y un cabello semiondulado caía desde su cabeza cubriendo sus hombros.
El joven quedó inmóvil el primer instante y desde su garganta apenas salió un sonido gutural en lo que parecía ser un: hola.
¿Como te llamas? repitió la niña que no debía tener más de 14 años.
Me llamo Francisco, contestó el joven de unos 15 o 16 años.
La niña entonces preguntó: oye, la emisora transmite desde aquí, porque yo estoy de visita donde mis tíos y al pasar por aquí escuché muchos ruidos, sonidos extraños.
Sí-contestó el joven; aquí funciona la emisora. Tú de donde eres y como te llamas? Si se puede saber.
--Me llamo Solange y soy de Los Angeles y como te dije estoy de visita por unos días donde mis tíos. Que haces tú en la emisora?
--Soy Técnico radiocontrolador--contestó el joven, ante el asombro de la joven.
--Oh, siempre pensé que ese trabajo lo hacían personas mayores, replicó la joven.
-- Bueno con el tiempo todos nos haremos mayores de edad , contestó el joven. Eso creo yo, nunca se sabe que pasará mañana.
¿Puedo pasar a saludarte mañana? A propósito del mañana, dijo la joven.
Por supuesto, contestó el muchacho; estaré atento.
Aquellos jóvenes conversaron durante los días venideros de cosas propias de su edad. No hubo ningún tipo de declaración de parte de ninguno de los dos. Solo conversaciones de cantantes, canciones y cosas por el estilo. Separados por la ventana.
Hasta que un día ella dijo al joven: "mañana me voy a las 4 de la tarde, tal vez no te vea pero tengo una propuesta"
El joven la miró fijamente a los ojos, expectante sin saber lo que iba a escuchar.
--Entonces la joven también mirando sus ojos le dijo: te dejaré mi dirección y quiero que vayas a buscarme, mejor dicho a rescatarme porque tengo madrastra y no lo paso muy bien. Me rescatas y nos vamos a algún lugar.¿Que te parece?
Después que salió del asombro el muchacho solo dijo: Acepto, así que mañana en el momento que puedas me traes tu dirección antes de marcharte.
Al otro día el muchacho desde temprano estaba pendiente en la ventana y pasaron las horas y la joven no apareció.
Al día siguiente vino una señora que pidió hablar con el joven diciendo que era la tía de Solange y que ella "Ayer se fué, se fué temprano porque mi hermano, o sea su padre llegó de madrugada a buscarla. Ella decía que tenía que entregarle algo a usted que nunca reveló porque era un secreto. Ayer se fué, y agradezco la amistad que le dió porque le hacía falta ya que no tenía amigos acá.
El joven entristecido se fué a la discoteca de la emisora donde la joven nunca ingresó, la amistad fue solo en la ventana.
Allí buscó una canción que reflejara su pena y pidió al locutor que acompañara un mensaje rogando que el viento pudiera llevar hasta su amor platónico.
Su primer amor que nunca volvería a ver.