sábado, 13 de junio de 2026

Una Historia Fantasiosa -- El Cóndor Porfiado

 Tendría unos 14 años cuando me fui hacia El Porvenir a la casa de mi abuela Aída como tantas veces lo hice porque me gustaba mucho estar allá.

Caminaba desde Cañete los 20 kilómetros que me separaban del lugar. Me gustaba caminar.
Antes de entrar a la villa de Cayucupil había muchos lugares desde donde los manzanos colgaban ramas hacia el camino así que "robaba" unas cuantas para hacer más entretenido el viaje.
Después de pasar el caserío de Butamalal Bajo justo en una curva desde un roquerío había una vertiente con agua cristalina y natural pero muy helada; helada del verbo helada que parecía que a uno le corría los sesos al beberla. Era muy rica eso sí.
Ir por ese sendero era toda una proeza porque se levantaba mucho polvo al caminar.
Luego justo donde Don Eliecer Pincheira comenzaba la eterna peregrinación cerro arriba a paso lento por un camino siempre de tierra así las manzanas "robadas" en Cayucupil cumplían apropiadamente su propósito.
Como a las 3 de la tarde llegué ese día donde mi abuela Aída quien se alegró mucho al verme porque siempre tenía una tarea para asignarme. Tarea que yo cumplía a cabalidad.
En esta oportunidad no fue la excepción porque al ratito de verme me dijo: qué bueno que vino, hijo; porque necesito que alguien cuide las ovejas porque el cóndor ha estado atacando.
--No se preocupe, abuela -- le contesté--; ya vine así me entenderé con ese pajarraco.
Al día siguiente me vestí a la usanza local, es decir en los pies con retobos y ojotas, unos "bluyines" que me pasó mi abuela, una camisa tipo escocesa, un chaleco y una manta de lana, por supuesto que también una chupalla para capear el sol.
Busqué una vara de luma de unos 2 metros para usar a la manera de Moisés y "me las eché" para el lugar donde estaban las ovejas que era algo distante. Serían unas 60 ovejas.
Me senté sobre unos troncos y me afirmé en la vara de luma que había llevado; me agaché con la chupalla sobre los ojos y quedé quieto para no molestar las ovejas.
De pronto las ovejas se apiñaron balando en demostración de nerviosismo así que me puse en alerta porque pensé que podía ser el león que rondaba por ahí.
Las ovejas se movían en un grupo muy compacto lo que demostraba que el peligro para ellas estaba cerca.
De pronto una sombra se dibujó en el suelo lo que hizo que yo mirara hacia el cielo y allí estaba el cóndor planeando sobre nosotros y ver ese espectáculo es una maravilla; tres metros de alas abiertas es realmente algo que pocos tienen la oportunidad de contemplar en su vida.
Pero él estaba allí por una razón y yo era el antagonista de sus motivos así que me preparé para cuando atacara.
Planeó varias veces sobre las ovejas como estudiando la situación así que sigilosamente me ubiqué en medio del rebaño.
De pronto el cóndor tomó cierta altura y se lanzó cual kamikaze sobre el rebaño y cuando estaba a punto de agarrar una oveja le propiné un garrotazo con todas mis fuerzas con la vara de luma que tenía; la pobre ave cayó al suelo al tiempo que saltaron algunas plumas.
Como pudo se levantó y luego de aletear un poco como comprobando que sus alas estuvieran bien se echó a volar.
Pasaron como 20 minutos cuando apareció la sombra del cóndor nuevamente sobre nosotros; me dije a mí mismo: este compadre no aprende ni se tiene compasión.
Nuevamente hizo unos sobrevuelos tal vez escogiendo la oveja que se llevaría.
Tomó altura y se lanzó nuevamente sobre el rebaño de ovejas que balaban y corrían en círculos cortos a manera de protección.
Nuevamente cuando estuvo a punto de agarrar una oveja le propiné otro garrotazo con todas mis fuerzas que salió rodando varios metros más allá.
Ahora se puso de pie con mucha dificultad y aleteó lentamente, como sintiendo dolor en las alas, hasta que se echó a volar con bastantes problemas.
Me dije a mí mismo y hablé fuerte para que escucharan las ovejas también: este compadre ya no regresa.
Me senté nuevamente en un tronco y pensaba que ese cóndor se dormiría con hambre y al día siguiente tal vez fuera a otro lugar a buscar comida.
Pasaron como 40 minutos cuando nuevamente se dibujó la sombra del cóndor sobre el suelo y comenzó a sobrevolar nuevamente el rebaño de ovejas; yo no podía creerlo, además la sombra tenía algo raro porque solamente se veía una sola ala.
De pronto y sin decir agua va el cóndor se lanzó furiosamente sobre las ovejas que corrían en círculos apiñadas herméticamente así me costó bastante ubicarme en el centro del rebaño.
Miré hacia arriba y el cóndor venía volando solamente con un ala pero tan rápido como se acercó le propiné otro garrotazo que cayó penosamente al suelo.
Me quedé mirando al pajarraco y pude darme cuenta que la otra ala la traía en cabestrillo y la cabeza con un vendaje.
Esta vez no aleteó ni se fue volando, caminó dificultosamente recogiendo un palo el que usó a modo de muleta en el ala que tenía buena y se fue caminando; cuando estuvo a una distancia prudente dio media vuelta, me quedó mirando fijamente y me dijo:
"Tenís poco respeto con el escudo nacional hijo de tu... santa madre"... y se perdió por entre los arbustos.
Y colorín colorado, este cuento se ha acabado.


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