Poco a poco la insconciencia cerró mi mente y no supe de mi porque al momento de cerrar los ojos se abrió un portal en una de las paredes de mi casa que me ofreció un mundo irreal que me tragó en un laberinto de luces y oscuridad que eran maravilosas a pesar de lo lúgubre del lugar.A poco andar por un callejón oscuro y siniestro me encontré de improviso con una nave desconocida y con unos seres muy altos enfundados en unos trajes brillantes que me miraron fijamente al tiempo que escaneaban mi cuerpo mostrando mi estructura en un monitor en un costado de la nave y el escaneo a mi figura ofreció una lectura en colores verdes motivo por el cual me dejaron proseguir mi camino.
Comencé poco a poco a caminar por un sendero a media luz, algo así como un atardecer sintiendo una presencia a mi lado que no pude descrifar.
De pronto la suave y tierna voz de mi esposa la escuché desde la lejanía diciendo: papi, regresa; despierta. Abrí los ojos y estaba en mi cama semiinsconciente sin saber a ciencia cierta que había pasado.
Quedé pensando en la experiencia vivida al tiempo que la fiebre minaba mi resistencia y me resistía a mi propio existir.
Cerré los ojos y en la otra muralla de la habitación nuevamente se abrió un portal desde donde emergieron unos duendes que me hablaban pero yo no entendía que cosas decían, trataba de identificar unos grandes pájaros azules como la tristeza que venían con ellos, luego de aquella ceremonia tratando de comunicarse conmigo cruzaban las murallas y se marchaban dejando mi cabeza hundida en interrogantes que no sabía si eran productos de la fiebre que me atormentaba o eran recuerdos de malas acciones en mi vida.
Estando al borde de la desesperación producto de la inmensa fiebre que cada vez me volvía más y más loco vi de la nada abrirse un portal lleno de luz celestial con un coro que me invitó a entrar en él.
Encaminé mis pasos siguiendo aquella luz maravillosa que no tenía semejanza con nada conocido pero había enormes palacios de bellísimos colores rodeados de flores llenas de fragancia indescriptible con árboles que eran luminarias de un camino que me invitaba silenciosamente a seguir su ruta, no había frío ni calor allí pero si una paz y un bienestar que me impulsaba a seguir adelante por senderos brillantes de maravillosas luciérnagas y el dulce zumbido de alas de libélulas que me hicieron olvidar toda mi vida pasada.
De pronto en una curva de aquella senda maravillosa estaban muchas personas que hacía tiempo habían partido y al verme se alegraron mucho extendiendo sus manos para tocarme; estaban allí mis abuelos, mis padres, mis hermanos y mis amigos que me antecedieron. Los miré a todos, uno a uno y deseé quedarme allí...
...en mi insconciencia nuevamente escuché la dulce voz de mi esposa que me decía: papi, regresa, vuelve conmigo, vuelve conmigo...y regresé porque no pude resistir a esa voz dulce que he escuchado por tantos años.
Abrí los ojos, se cerró el portal y comencé a recuperar la cordura y mi salud comenzó poco a poco a restablecerse.
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