domingo, 28 de junio de 2026

Andanzas Diurnas De Dos Bohemios// Recordando a David Carrillo

Recordando a David Carrillo, que ha partido a los escenarios celestiales, donde con seguridad su versión de “Granada” causará sensación.
Sería por abril del año 1975 cuando, estando tranquilamente recostado en mi cama, alrededor de las dos de la tarde, mi mamá me avisó que alguien, a quien ella no conocía, me buscaba.
Era David Carrillo, el mejor cantante popular que había en Cañete por ese tiempo, quien llegaba hasta mi casa para pedirme un favor.
Sucede que le habían prestado unos discos para que aprendiera algunas canciones para futuras actuaciones y, como él no tenía tocadiscos, había acudido a Juanito Sanhueza Yévenes para que le prestara uno.
Juanito Sanhueza (Q.E.P.D.), con la gentileza que lo caracterizaba, le dijo que el único que podía prestarle me lo había pasado a mí y que viniera a hablar conmigo.
Le dije a mi amigo David Carrillo que no tenía ningún reparo en pasarle el tocadiscos, pero había un pequeño problema: este estaba donde mi abuelita Hortensia Arriagada, en la Población Santa Clara, es decir, en el extremo norte de Cañete.
David Carrillo me pidió que fuéramos a buscarlo, así que nos encaminamos hasta la casa de mi abuelita Hortensia y, una vez allí, David comenzó a examinar los discos que yo tenía, encontrando varios que se ajustaban al estilo de canciones que él interpretaba.
Ahora a mi amigo David Carrillo se le presentó otro problema: el tocadiscos no tenía amplificador, por lo que había que conectarlo a algún equipo para hacerlo sonar. De todas maneras, quiso llevarlo.
Nos encaminamos hasta la casa de David, que vivía a una cuadra de la Plaza Caupolicán; es decir, nuevamente debíamos cruzar Cañete caminando.
Mientras uno llevaba el tocadiscos, el otro lo hacía con los discos que David había escogido para aprender algunas canciones.
En la esquina de Uribe con Mariñán, David Carrillo se encontró con un amigo, quien preguntó en qué andábamos. David le contó y, de paso, le comentó que faltaba un receptor de radio u otro equipo que tuviera conexión para un tocadiscos. Entonces el amigo dijo que tenía uno y que lo podía prestar. Fuimos hasta la casa de ese amigo a buscar un equipo de radio para que, al fin, David pudiera escuchar los discos.
Nos fuimos por la calle Mariñán hacia el sur y, al cruzar la calle Esmeralda, David se detuvo en la puerta de la cantina de la familia Olate, que atendía don Edelberto Maximiliano Olate Salazar, conocido por todos como “Peta”. Allí, David Carrillo nos dijo de manera muy ceremoniosa:
—Cabros, para compensar la buena voluntad que han tenido, los voy a invitar a servirnos una botella de vino aquí.
Entramos al lugar, recorriendo un pasillo que daba a unas piezas interiores que se usaban como reservados y que tenían unas mesas con algunas sillas.
Fue cosa de llegar hasta el interior y comenzaron los saludos de los feligreses asiduos al lugar, que se encontraban en ese momento esperando, tal como lo mandó el Señor, compartir “el vino que era sangre de su sangre”.
Entre todos ellos, recuerdo que estaba Reynaldo Varela, conocido como “Varelita” por su baja estatura y que era mi tío abuelo por estar casado con una de mis tías Rivera-Torres, hermana de mi abuelita Hortensia Arriagada Torres.
Fue precisamente “Varelita” quien, en un momento dado, dijo:
—Ya pues, muchachos; pongan música.
Instalamos todo y pusimos un disco de Javier Solís. Mi pariente “Varelita” subió a una mesa para hacer doblaje, lo que motivó la euforia de los feligreses, mientras cumplíamos el mandato divino de compartir el vino. Locura total todo aquello.
No recuerdo cuánto rato estuvimos allí; pero, al retirarnos, el amigo de David le comentó que en la “Peluquería Vera” estaban de fiesta y no tenían música, así que podríamos ir hasta allí.
Le hicimos ver que no conocíamos a nadie y que no nos habían invitado, pero este amigo insistió, diciendo que lo único que deseaban era que llegara alguien con música.
Bueno, nos encaminamos hasta el lugar, en calle Segundo de Línea, que distaba una cuadra y media y, sin decir “agua va”, nos introdujimos en el domicilio y, al grito de:
—¡Llegó la música, llegó la música!
Instalamos nuevamente nuestros equipos y comenzamos a amenizar aquella fiesta. Dicho sea de paso, coincidimos plenamente con la concurrencia, que eran puros adultos, y con el tipo de música que llevábamos.
Todos, contentos, se pusieron a bailar hasta que, cuando había pasado como una hora, alguien preguntó de qué planeta habíamos llegado nosotros (no falta la señora metiche); es decir, quién nos había contratado.
¡Nadie nos conocía!
Resultado: desarmamos nuestros equipos; tranquilamente nos retiramos y David Carrillo quedó en su casa, su amigo se fue para la suya y yo me fui a la mía…
…y nunca supe si David Carrillo se aprendió o no alguna de aquellas canciones.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario