Nació de un huevito esmeralda y hermoso, trayendo consigo todas las esperanzas de sus padres, quienes la acunaron en un nidito hecho de hojas y varillas de mimbre de fragantes olores, y de pasto suave como el algodón para que durmiera plácidamente sus días de crecimiento.
El padre picaba y molía las semillas en medio de piedrecillas para que pudiera digerirlas, se alimentara y creciera fuerte y sana como una paloma mensajera.
Así fue creciendo al amparo y los cuidado de sus padres, quienes no escatimaron esfuerzos en su protección, porque ella, la "palomita mensajera", había venido a colmar de felicidad un nido antes vacío y sin color. Y ya estaba aquí quien cambiaría la vida de ambos para siempre.
Sus alas se fueron robusteciendo con cada grano que su padre molía entre las piedras. Su madre acomodaba y limpiaba el nidito, agregando sus propias plumas y un pasto suave y tibio para que las noches fueran plácidas y los sueños reparadores.
Comenzó también a enseñarle a mover las alas para que pudiera volar y elevarse por los aires, hasta alcanzar el cielo.
La actividad diaria de la madre era exclusivamente para proteger a su "palomita mensajera" nacida de un huevito lleno de ilusiones que marcarían la vida de la familia para siempre; no existía otro propósito en aquel hogar donde la vida continuaba y se abría paso hacia la eternidad.
La palomita volaba por los aires y regresaba a su refugio mientras sus padres envejecían, pero, de la misma forma que ayer, su preocupación de hoy seguía siendo la misma por su «palomita mensajera».
De pronto, en un vuelo, regresó junto a un palomo con el cual se marchó, dejando aquel nidito abrigado junto a la pena de su madre.
Los regresos visitantes se hicieron cada vez más distantes, hasta que al final solo quedó el espacio, dando lugar al vacío de un nido que nunca volverá a cobijar a la "paloma mensajera".
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