martes, 31 de marzo de 2026

Lo Que Dicen Las Canciones// María Dolores Pradera --Que tal te fue la vida (J. C. Calderón)

 Raquel salió de su casa como siempre lo ha hecho desde hace años una vez a la semana, le gusta ver desde temprano como aquel céntrico  paseo peatonal   poco a poco va llenándose de  gente,  primero pasó por su lugar favorito a tomar un café con tostadas como es su costumbre.

Le gusta mirar las vitrinas del comercio que despierta de su letargo y va cobrando vida, mira las ofertas y se imagina luciendo aquellos  trajes de moda.

Raquel es una mujer elegante, de bellísimos ojos verdes, cabello negro, tez morena, de aproximadamente un metro y setenta y cinco de altura que la hace sobresalir entre las demás personas y que a pesar de la edad conserva su desplante; ¿la edad?...digamos que es mayor, vive sola con sus gatos; todos sus hijos están repartidos por el mundo cada cual haciendo su vida y escribiendo su propia historia.

A Raquel le gusta sentarse  en  algún banco de aquel céntrico paseo y al tiempo que ve pasar la gente viviendo sus propios mundos, ella divaga y se da cuenta que ya es el atardecer de su vida.

Ese día,  como  siempre  salió del lugar  aquel   después   de servirse su acostumbrado café y de pronto se dió cuenta que había mucha gente  alrededor, pero eso le gusta a ella, algunas parejas iban de la mano y Raquel las contempla  quizás añorando el pasado; quién sabe.

Quedóse un momento a mirar la cartelera de un cine que exhibía una película romántica, de esas que a ella le gustan; hizo el ademán de entrar allí  pero se arrepintió  inmediatamente quizás porque era muy temprano y talvez estaría sol.

Siguió caminando un poco más  y se detuvo  frente a  una vitrina que exhibía libros de literatura universal que le apasionaba,  hizo algunas consultas con el empleado del lugar  y continuó lentamente  por la acera esquivando a las personas  que caminaban rápidamente en sentido contrario.

De pronto quedó clavada en el pavimento de la calzada mirando asombrada una figura varonil que caminaba entre el gentío; su primera reacción fue de asombro, incredulidad, luego de alegría y ternura.

Él era un hombre alto, elegantemente vestido con un pantalón blanco crema delicadamente planchado con unos mocasines que combinaban con el pantalón y hacían ver que conservaba la agilidad juvenil aún a pesar de los años; su camisa era de color también crema abierta hasta el cuarto botón que dejaba asomarse el vello pectoral y que era una mezcla de negro y blanco; su cabello ya era blanco como la nieve y en su mano derecha un elegante bastón color marrón.

La respiración de Raquel comenzó a acelerarse y su corazón  parecía que iba a estallar   y  al momento de gritar su nombre solo emitió un leve susurro : ¡Alonso! el que fue tan débil y emocionado que unas personas tuvieron que llamar la atención del caballero.

Raquel corrió hasta él y la cara de asombro que puso el  hombre   fue tan  impactante que solo dijo suavemente: ¿Raquel? No puedo creerlo, niña.

Se tomaron de la mano y se contemplaron en silencio unos instantes, se sentaron en el banco favorito de Raquel y recordaron momentos de juventud.

¿Dónde estabas, bala perdida; tanto tiempo escondido? preguntó ella.

--Por ahí, contestó él; viviendo algunas heridas.

Donde hay amor, hay siempre desengaños; replicó Raquel sonriendo.

Luego de conversar  como una  hora y antes de decirse adiós, Raquel invitó a Alonso a tomar un café porque tal vez pasarían otros 40 años antes de encontrarse; tal vez.

Tal vez; solo la vida  y el tiempo lo dirán . 




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