jueves, 23 de abril de 2026

El Caballo Descabezado


Siempre, desde siempre vi a mi padre montado en un caballo y las piruetas que hacía con él no tiene semejanza con nada ni nadie.

Yo lo veía como un centauro, como un ser mitológico que solo le faltaban alas para emprender
el vuelo.
Por las tardes llegaba cantando o silbando y yo salía corriendo a su encuentro y de un brinco estaba en ancas con él.
Salíamos a galopar y fue en esos momentos inolvidables que me enseñó como llegar a ser amigo del caballo y que este devolviera el cariño; porque me decía: “el caballo es un animal muy noble al que hay que saber tratar”.
A medida que yo crecía me iba encariñando con estos animales al igual que con los bueyes que también son muy “tratables” y que además de ayudar en las faenas del campo son amistosos.
Pues bien, una tarde me dijo mi padre “mañana” tengo que ir al fundo así que mientras me preparo vas a ir al cerco de “la aguada” y me traes “el caballo blanco de Napoleón”; así se refería cuando quería viajar en un caballo blanco muy hermoso que había entre toda la caballada.
Como a las cuatro de la mañana me despertó para que cumpliera el mandado mientras él tomaba mate con tortilla de rescoldo recién cocida y preparada por las manos de mi madre.
Encaminé mis pasos hacia el mencionado cerco llevando conmigo un lazo de cuero curtido para traer el caballo de tiro.
Hacía un poco de frío y el pasto estaba mojado porque había caído mucho roció por la noche así que mis zapatos comenzaron a humedecerse bastante; cuando entré al cerco del “pato flojo” el pastizal me llegaba casi a la cintura porque ese cerco estaba destinado para pastorear una vacas lecheras en la primavera que ya venía.
Bajé por un camino carretero rodeado de renuevos de hualle que se notaba darían bastante producción de digueñes así que a los recolectores les iría bien.
En el cerco de “la aguada” también el pastizal estaba crecido así mis pantalones se mojaron bastante mientras caminaba para encontrar “el caballo blanco de Napoleón”.
De pronto lo vi entre unas pitras y temos como descansando así que preparé el lazo para llevarlo conmigo pero tan pronto me vio comenzó a resoplar por las narices cosa que me llamó mucho la atención porque nunca antes había se comportado así.
A medida que preparaba el lazo comencé a emitir un chasquido con la lengua para darle confianza; y de pronto dio media vuelta y comenzó a galopar entre el pastizal atajándose en la cerca metálica que marcaba los límites de la cerca.
Comencé a perseguirlo extrañado por su comportamiento pensando que tal vez no quería salir de la comodidad que tenía en esos momentos.
Por fin lo arrinconé en una esquina de los alambrados y le tiré el lazo sobre su cabeza atrapándolo finalmente
Pero aquí viene lo increíblemente extraño pues el”caballo blanco de Napoleón” comenzó a tirar hacia atrás tratando de escapar pero yo me “estaqué” en el suelo sobre mis talones y tiré con todas mis fuerza en sentido contrario.
Cada uno hacía fuerzas según su conveniencia no dando ningún centímetro en favor del otro.
Ahí estábamos los dos cada uno tirando hacia su lugar.
El lazo como era de cuero de vacuno se había ablandado un poco así que temí que se cortara.
Cada uno tiraba con todas sus fuerza, el caballo obviamente no quería ir conmigo, pero tenía que llevarlo así que en un instante de rabia tiré del lazo, que apretaba bastante el cuello del caballo; con todas mis fuerzas y de pronto...ZZAASSS el lazo rebanó el cogote del caballo y saltó la cabeza hacia un lado y el cuerpo hacia el contrario... primero quedé estupefacto de asombro por lo acontecido pero sobre la misma reaccioné y corrí y recogí la cabeza y como todavía estaba caliente ZZAASS que se la pegué en su lugar.
Con un poco de pasto tierno limpié alrededor de su cuello para que no quedaran evidencias por si acaso mi padre no se daba cuenta de lo acontecido.
El animal se quedó tendido un rato cuando y de pronto dio un bufido y se levantó mirando hacia todos lados; estaba mareado, pensaba yo.
Con mucho cuidado le puse el lazo en el cuello nuevamente pero esta vez se portó a las alturas y no hizo nada.
Nos fuimos para la casa donde nos esperaba mi padre y sabía yo que me reprendería un poco por la tardanza.
Llegando y tan pronto que aparece mi padre por una esquina de la casa la mandíbula inferior le llegó hasta la cintura y abriendo tamaños ojos entre grito y asombro me preguntó:
¿!Que diablos le hiciste al caballo, chiquillo de moledera!?
Nada apá - le contesté
¿¿Como que nada?? Míralo.
Entonces me volví a mirar el caballo y recién me di cuenta que la cabeza se la había pegado al revés.
Pobre caballo, después tomaba agua solamente cuando llovía.
Cosas de campo.

                    

                                             

                                        Análisis de la historia por Gémini


¡Qué relato más fantástico! Me has transportado directamente al campo con ese olor a tortilla de rescoldo y el frío del rocío en los pies. Es una joya del folclore rural, donde la línea entre la realidad y lo imposible se desvanece con un "¡ZAS!".


Ese final es sencillamente brillante. La imagen del padre con la "mandíbula hasta la cintura" y el pobre caballo esperando la lluvia para poder beber porque tiene la cabeza al revés es de un humor surrealista delicioso. Es el tipo de historia que, después de escucharla, uno se queda pensando en la fuerza sobrenatural que debías tener en ese lazo.


Aquí te comparto un pequeño análisis de los elementos que hacen que tu historia sea tan especial:


Elementos Clave: 

La Atmósfera: Logras que el lector sienta la humedad del pastizal y el frío de las cuatro de la mañana. Detalles como los "digüeñes" y el "hualle" le dan una identidad chilena (o del cono sur) muy auténtica.


El Vínculo: La relación con tu padre y esa admiración por verlo como un "centauro" establece una base emocional sólida antes de que entre el elemento fantástico.


El Absurdo: La naturalidad con la que narras que le pegaste la cabeza porque "todavía estaba caliente" es lo que hace que el cuento funcione. En el campo, los problemas se solucionan rápido, ¡incluso si se trata de una decapitación accidental!


Nota curiosa: Este tipo de relatos pertenecen a la tradición de la "mentira" o "calumnia" campesina, donde el narrador cuenta una hazaña imposible con total seriedad, dejando que el remate final sea el que arranque la carcajada.



Es fascinante cómo la tradición oral se nutre así. Muchas de las grandes historias del campo empezaron como una anécdota o una exageración frente a un brasero, y terminan siendo parte del patrimonio local gracias a que alguien, como tú, se tomó el tiempo de escribirlas con cariño.


Me recordaste a esos grandes cuentistas que saben que lo importante no es solo lo que pasa, sino cómo se llega hasta ese momento. Además, esa solución de "limpiar el cuello con pasto para que no quedaran evidencias" es un detalle de realismo mágico muy propio de nuestra identidad.


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