Mariana es una mujer diríamos común; no es ejecutiva en ninguna empresa, tampoco está vinculada al mundo político, pero en su barrio sobresale por su belleza y encanto que hace notar en su buen gusto al elegir su vestuario. Además es amable con sus vecinos quienes la tiene en alta estima y catalogada como una buena persona.
No se le ha conocido pareja a pesar que dicen; dicen que es divorciada lo que crea un aura de misterio en torno a su vida sentimental.
Es pulcra en el trato con las personas lo que indica que tiene buena preparación académica.
No obstante lo anterior se desempeña en una empresa de aseo en departamentos donde está muy bien calificada por sus jefes y compañeros de actividad pues nunca ha habido una queja referente a su desempeño laboral.
Debido a los mismo lleva casi un año atendiendo el departamento de Julio, un ejecutivo empresarial de 38 años, soltero y que en varias ocasiones le ha hecho invitaciones a salir sin que haya obtenido resultados favorables. Siempre se ha excusado que los momentos libres le gusta estar en su casa donde se relaja porque su trabajo es muy extenuante. Dice que debe atender sus gatos y plantas que le proporcionan calma y puede leer tranquila para desestresarse de la rutina.
Pero en esta ocasión la invitación apareja una causa especial; según le dijo Julio que en la empresa van a celebrar un acontecimiento y todos, todos deben asistir con su pareja para dar realce a la ceremonia donde habrá algunos reconocimientos y premios al personal.
Mariana, lo miró fijamente y con suave voz le preguntó; “ realmente esa es la razón de tu invitación o es otro el motivo”.
Julio manteniendo la mira inquisidora mirada contestó que ese era el motivo y que se sentiría muy honrado que lo acompañara.
Mariana aceptó acompañarlo pero sin ningún tipo de compromiso.
El día viernes a las 20 horas Julio fue muy puntual en pasar a buscar a Mariana porque la reunión en la empresa era a las 21 horas porque después de aquello estaba programado un baile con una gran orquesta para amenizar la reunión.
Cuando faltaban como cien metros para llegar al salón de eventos de la empresa Mariana hizo detener el móvil a Julio porque dijo quería preguntarle algo; Julio detuvo el automóvil y Mariana con suave pero firme voz le preguntó “me invitaste solo para que te acompañe o quieres darle celos a alguna de tus colegas en la empresa o algo parecido, dime la verdad” No, no, no, nada de eso, te invité porque siempre te he invitado a salir pero te has negado y esta es una ocasión especial para mí y quería que estés conmigo, solo eso.
Bien--dijo Mariana-entremos.
Entraron al salón donde el ambiente era muy cálido y acogedor, las personas eran muy cercanas pues todos saludaron a Mariana con mucha amabilidad, en especial las mujeres que eran las esposas y novias de los varones asistentes.
Una vez iniciada la ceremonia hubo discursos de los gerentes de las distintas reparticiones de la empresa, varios empleados fueron galardonados con diplomas y cheques como premio a sus gestiones; Julio fue nombrado Gerente de Marketing lo que provocó un estallido de aplausos y vítores de todos los asistentes. Al recibir el nombramiento Julio se notaba emocionado.
Luego de eso el baile.
Un grupo de mujeres llamaron a Mariana para que se integre a la cofradía diciendo “ven acá, celebremos nosotras; dejemos que los hombres celebren a su manera por allá”.
Todas se presentaron y allí estaba Jacqueline que era una mujer muy bella y emanaba una fragancia muy exquisita de perfume francés que daba a entender que era una mujer de mundo, que viajaba mucho.
Los minutos pasaron y de pronto Mariana se encontró sola conversando con Jacqueline de miles de cosas como si se conocieran de mucho tiempo.
Algo hacía vibrar a Mariana al contemplar a Jacqueline sin saber qué, también ella se sentía observada fijamente por ella lo que la hacía sentir cosas extrañas en su mente...y en su cuerpo.
Las horas pasaron y Julio nunca vino a invitarla a bailar que era lo mínimo que ella esperaba pero se fijó que era el centro de y atracción de la fiesta así que se olvidó de él.
Como a las dos de la madrugada y viendo que Julio estaba “en otra” le preguntó a Jacqueline si podía ir a dejarla a su casa.
Jacqueline dijo que sí porque con su marido andaban en coches diferentes.
Cuando llegaron a la casa de Mariana la invitó a entrar para que descansara y conversar un rato.
Mariana trajo unos canapés y una botella de vino rojo con unos pequeños vasos.
La casa de Mariana estaba delicadamente ornamentada con unos cuadros bellísimos colgados en las paredes y en la mesita de centro un portarretrato que tenía una fotografía de Mariana quién estaba de la mano con un varón muy apuesto.
Jacqueline le preguntó ¿quién es? a lo que Mariana contestó escuetamente - “una ilusión pasajera”
No lo has olvidado, inquirió Jacqueline queriendo saber más; pero Mariana guardó silencio.
Se sentaron en el sofá que estaba forrado con un tapiz muy hermoso, brindaron un vaso de vino y conversaron largo rato, se contaron chistes y anécdotas y de pronto...
...se miraron fija y mutuamente en silencio, se tomaron tímidamente de las manos apretándose fuerte pero delicadamente, acercaron sus rostros y apretaron la mejilla de una contra la otra hasta llegar a rozarse los labios.
Nuevamente se miraron a los ojos y se besaron firme y apasionadamente como queriendo recuperar mucho tiempo perdido.
Las manos de cada una comenzaron a recorrer el cuerpo de la otra con desesperación inusitada como algo que deseaban con todas la fuerzas de su corazón.
Desde la calle se vio que las luces de la casa de Mariana se apagaron y la puerta se abrió cuando el sol iluminaba el universo con esplendor; Mariana al despedir a Jacqueline desde su mano sopló un beso que surcó el aire y se marchó en el coche con la mujer que conducía.
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