martes, 31 de marzo de 2026

Lo Que Dicen Las Canciones// María Dolores Pradera --Que tal te fue la vida (J. C. Calderón)

 Raquel salió de su casa como siempre lo ha hecho desde hace años una vez a la semana, le gusta ver desde temprano como aquel céntrico  paseo peatonal   poco a poco va llenándose de  gente,  primero pasó por su lugar favorito a tomar un café con tostadas como es su costumbre.

Le gusta mirar las vitrinas del comercio que despierta de su letargo y va cobrando vida, mira las ofertas y se imagina luciendo aquellos  trajes de moda.

Raquel es una mujer elegante, de bellísimos ojos verdes, cabello negro, tez morena, de aproximadamente un metro y setenta y cinco de altura que la hace sobresalir entre las demás personas y que a pesar de la edad conserva su desplante; ¿la edad?...digamos que es mayor, vive sola con sus gatos; todos sus hijos están repartidos por el mundo cada cual haciendo su vida y escribiendo su propia historia.

A Raquel le gusta sentarse  en  algún banco de aquel céntrico paseo y al tiempo que ve pasar la gente viviendo sus propios mundos, ella divaga y se da cuenta que ya es el atardecer de su vida.

Ese día,  como  siempre  salió del lugar  aquel   después   de servirse su acostumbrado café y de pronto se dió cuenta que había mucha gente  alrededor, pero eso le gusta a ella, algunas parejas iban de la mano y Raquel las contempla  quizás añorando el pasado; quién sabe.

Quedóse un momento a mirar la cartelera de un cine que exhibía una película romántica, de esas que a ella le gustan; hizo el ademán de entrar allí  pero se arrepintió  inmediatamente quizás porque era muy temprano y talvez estaría sol.

Siguió caminando un poco más  y se detuvo  frente a  una vitrina que exhibía libros de literatura universal que le apasionaba,  hizo algunas consultas con el empleado del lugar  y continuó lentamente  por la acera esquivando a las personas  que caminaban rápidamente en sentido contrario.

De pronto quedó clavada en el pavimento de la calzada mirando asombrada una figura varonil que caminaba entre el gentío; su primera reacción fue de asombro, incredulidad, luego de alegría y ternura.

Él era un hombre alto, elegantemente vestido con un pantalón blanco crema delicadamente planchado con unos mocasines que combinaban con el pantalón y hacían ver que conservaba la agilidad juvenil aún a pesar de los años; su camisa era de color también crema abierta hasta el cuarto botón que dejaba asomarse el vello pectoral y que era una mezcla de negro y blanco; su cabello ya era blanco como la nieve y en su mano derecha un elegante bastón color marrón.

La respiración de Raquel comenzó a acelerarse y su corazón  parecía que iba a estallar   y  al momento de gritar su nombre solo emitió un leve susurro : ¡Alonso! el que fue tan débil y emocionado que unas personas tuvieron que llamar la atención del caballero.

Raquel corrió hasta él y la cara de asombro que puso el  hombre   fue tan  impactante que solo dijo suavemente: ¿Raquel? No puedo creerlo, niña.

Se tomaron de la mano y se contemplaron en silencio unos instantes, se sentaron en el banco favorito de Raquel y recordaron momentos de juventud.

¿Dónde estabas, bala perdida; tanto tiempo escondido? preguntó ella.

--Por ahí, contestó él; viviendo algunas heridas.

Donde hay amor, hay siempre desengaños; replicó Raquel sonriendo.

Luego de conversar  como una  hora y antes de decirse adiós, Raquel invitó a Alonso a tomar un café porque tal vez pasarían otros 40 años antes de encontrarse; tal vez.

Tal vez; solo la vida  y el tiempo lo dirán . 




lunes, 30 de marzo de 2026

Me Lo Contó Mi Abuelo

 Mi abuelo Don José Francisco Flores Neira nació según, por el año 1888; en realidad nunca se supo su edad exacta porque como dijo alguna vez, tenía como 10 años y estaba cuidando unas ovejas cuando fueron a buscarlo, lo vistieron bien y lo llevaron a bautizar y toda la edad que tenía se la quitaron para “actualizar” el acontecimiento, así que nunca ni el mismo supo su edad correcta, cuando falleció en el año 1972, tenía unos 94-96 años de edad y no los 84 que decía su edad oficial en el carnet de identidad.


Decía entonces que mi abuelo nació y se crio en el fundo Eyheramendy en la localidad de Los Álamos, y luego llegó a Cañete como carrilano durante la construcción del tendido de la línea férrea para el ramal Los Sauces-Lebu.

Allí conoció y se enamoró de una jovencita de clase media de la época llamada Hortensia del Carmen Arriagada Torres con quién se instala a vivir en el sector del Barrio Leiva en el fundo de la familia Ríos –Morales.

Aproximadamente en el año 1944 se mudan al sector conocido como Puente El Carmen en el camino a Cayucupil al final de la calle Esmeralda. Mi papá tenía entonces 12 años de edad.



No sé quienes eran los patrones de mi abuelo en aquel lugar, pero según mi papá allí mi abuelo hizo la barrabasadas más grandes o locas, según como las vea cada cual; pero no fue ni peor ni mejor que otros; vivió su época como cualquiera de aquellos tiempos, pasaba gran parte del día a caballo razón por la que se hizo experto en su dominio, según mi papá no se molestaba en abrir “las trancas” sino que tomaba distancia, agarraba velocidad y saltaba por encima, luego llegaba a la casa y se metía a la cocina haciendo que el caballo saltara en el rescoldo donde cocinaba mi abuela.

Mi papá y mis tíos se metían debajo de las camas cuando lo sentían llegar por las noches.

Luego quedaba solo “rumiando” (como decía mi abuela) en la cocina y su entretención consistía en sacar balas a la pistola que cargaba y arrojarlas al fogón para que explotaran, dejó de hacerlo cuando una quedó sin que se diera cuanta en dirección a su cara y el plomazo pasó rozándole una oreja.

Una de las mejores anécdotas suyas que me contaba mi papá sucedió en una oportunidad que los carabineros lo sorprendieron borracho montado en su caballo dándole de comer en el césped de la Plaza De Armas; para poder llevarlo detenido quisieron bajarlo de la montura pero no pudieron así que lo llevaron montado a la comisaría que estaba en aquellos años en una parcela al final de la calle Saavedra.

Avisada del hecho su hija mayor mi tía Uberlinda; corre ella a la comisaría a pagar la multa y sacarlo de allí, y esperando encontrarlo en algún calabozo no se sorprende cuando los carabineros la llevaron a las caballerizas donde lo tenían porque no pudieron bajarlo de su caballo, parecía que hombre y caballo eran una misma cosa.

En la década de los años ´50 a raíz de una farra y como ya los años dejaban su huella inexorable, cae de su caballo con tan mala fortuna que lo hace sobre unos alambres de púa oxidados que le ocasionan heridas de las que nunca se recuperó. Nadie sabía exactamente que le había ocurrido.

Cuando ocurre el terremoto de mayo de 1960 y producto del derrumbe de la “puebla” que habitaban mis abuelos, arriendan y se mudan a una casa de don Armando Muñoz en la calle Luis Cruz Martínez frente al Cementerio Municipal, lugar desde donde gestiona su traslado a la naciente Población Nueva Santa Clara en la entrada norte de Cañete donde pasaría sus últimos 12 años de vida.

Allí vivía mi abuelo cuando un día me escucha contar a mi abuela una historia de unos duendes que leímos en el colegio; yo tenía como 11 años de edad.

Pasados unos día del cuento mi abuelo me dijo; Oye “Pincho Lulí” (así me nombraba y nunca supe por qué), te voy a contar algo que es verdad, no como el cuento tuyo”

----Sucede que por el año ´45 me tocó ir a dejar unas vaquillas más arriba de los despachos de Cayucupil, eran una docena; en aquellos años se llevaban de arreo, ahora las llevan en camión, me dijo; (nunca me quedó claro donde exactamente las tenía que llevar); de vuelta en “Los Despachos” (así se mencionaba el lugar donde había unos almacenes y unas cantinas en Cayucupil) me puse a tomar unos tragos porque me los merecía y además tenía mucha sed; ahí se me pasó el tiempo volando, cosa que monté mi caballo un poco tarde y me las “endilgué” pa´ Cañete.

La noche se me vino encima llegando a “L´agua Colorá” al pie del Avellanal, así que decidí dormir ahí mismo.

Desensillé el “pingo” le di un poco de agua y lo dejé que pastara un poco, hice un fogón pa´ que no me diera frío, arreglé la montura pa´ la cabeza, puse unas mantas y me eché a dormir un rato, con un par de horas que duerma estoy bien, me dije.

Estoy por quedarme dormido cuando siento unos ruidos cerca de mí, como que alguien caminaba por entre las hojas y el pasto seco, me pareció que eran mas de 2, tal vez 4 o 5.

Así que hice como que estaba dormido pa´ ver que pasaba; saqué la pistola que siempre cargaba y puse el dedo en el gatillo pa´ defenderme de lo que fuera.

De lo que fuera, já, casi me cagué de susto cuando salieron de los matorrales unos hombrecitos chicos de no mas de 60 centímetros, con barba y unos sombreros que parecían callampas hablando una jerigonza rara que no entendí; pero mierda –dije- no me asustan los grandes, menos me van a asustar los chicos, así que disparé un tiro al aire y salieron rajados arrancando por entre los avellanos y yo salí persiguiéndolos.

Pero después se me ocurrió que podía agarrar uno y llevarlo pa´ Cañete. Anduve como 200 metros por entre los matorrales con un lazo en la mano izquierda y la pistola en la derecha pero no pude alcanzarlos. Pero los escuchaba que hablaban entre ellos.

Años mas tarde conversando con otro baqueano amigo le conté esta situación y me dijo que él también los había visto por la misma parte. Así que, mi querido nieto los duendes de su cuento existen porque yo los vi y cerquita de aquí.

Ese fue el relato de mi abuelo.

Personalmente nunca pude comprobar si fue verídico a pesar de las muchas veces que pasé por el lugar camino a El Porvenir en los altos de Butamalal, donde vivía mi abuela Aída Olave Olave

Mi abuelo falleció a principios del año 1972 cuando yo tenía 14 años de edad, y nunca he olvidado los últimos momentos en que lo vi con vida tratando de decirme algo que no pude entender, pero su mirada era muy dulce.

Mi abuela Hortensia Del Carmen Arriagada Torres; “Doña Horta”, como el cariñosamente la llamaba, lo siguió 8 años mas tarde, a principios de 1980. 

                                                               

                                                            

sábado, 28 de marzo de 2026

La Noche Del Joven Delincuente 2018

 Recuerdo de una noche  siniestra.

A eso de las 22 horas me corresponde salir en una de mis últimas vueltas y en la Parada de El Cortijo (Arboleda) con Barón de Juras Reales había bastante gente porque hacía rato que las máquinas  de la  Empresa SuBus se habían retirado para no tener problemas .

Luego nos acercamos al cruce de Barón de Juras Reales con Zapadores y desde lejos vi varias fogatas hechas con madera y neumáticos lo que producía humo bastante negro. Desde la distancia pude ver varios encapuchados moviendo unas antorchas, ahí le pedí a mis pasajeros que como medida de seguridad se acostaran como pudieran en el pasillo, apagué las luces y nos fuimos a la vela, silenciosamente.

Logramos pasar sin contratiempos.

Mas adelante entre El Olivo y Santa Inés, lugar conflictivo por excelencia la cosa se puso mas "brígida" porque ahí no teníamos donde desviarnos en caso de emergencia, así que elevé mis ojos al cielo que estaba bastante oscuro y nos fuimos tratando de pasar desapercibidos; pero había varios encapuchados parapetados en los New Jersey (bloques de contención) que tiene la constructora que trabaja en el colector de aguas lluvias del lugar; la cosa se puso fea porque nos tiraron unas molotov que afortunadamente no entraron al taxibús solo golpearon  por fuera de la carrocería.

Una vez pasado este lugar  ya no hubo problemas porque entramos a Vivaceta y llegamos sin contratiempos al sector de Estación Mapocho;  los pasajeros me dieron las gracias y se fueron rápidamente hasta la estación Cal y Canto del Metro que aún estaba operativa.

En la Parada inicial de regreso en Patronato con Bellavista también había bastante gente.

A esta hora ya se había cortado la luz en varias partes de la ciudad así que calculé que el retorno sería mas complicado.

Entramos por López de Alcázar, viramos por Rivera y entramos a Vivaceta en silencio.

Los pasajeros venían inquietos, algunos tosían, se notaban nerviosos; no hablaban ni reían como usualmente lo hacen.

Al entrar en calle Las Enredaderas me doy cuenta que en la Maestranza que allí funcionaba estaba abierta y había varias personas adentro, así que me detuve y fui a conversar con el encargado algo que se me había ocurrido; salí a la calle le pedí a los pasajeros que no se movieran ni dijeran nada y nos fuimos hasta la calle Chillán donde funciona actualmente la Maestranza, nos metimos al interior con el taxibus y allí le instalaron en el parachoque una cuchilla rompe hielo que le sacaron a un camión que habían traído desde Farellones.

Nos fuimos con el compromiso de devolverla a primera hora de la mañana.

Salimos de la calle Chillán y seguimos por Luis Galdames y nos adentramos en Las Acacias para continuar en Barón de Juras Reales

Nuevamente en el sector de Santa Inés los encapuchados que seguían apostados allí y además tenían varias fogatas en medio de la angosta calle nos tiraron piedras y molotov, hasta que una bomba lacrimógena arrojada por algún miembro de F.F.E.E.  de Carabineros que estaban apostados detrás de unos zorrillos  rompió un ventanal ingresando al interior del Taxibus causando que los pasajeros comenzaran a toser y una señora que venía de la feria de Mapocho sacó un bolso con limones y los repartió entre todos para aminorar el efecto de los gases.

Con los ojos irritados y el sistema de respiración afectado seguimos por Barón de Juras Reales hasta Zapadores; pero en la curva que se conoce como La Reja el paso estaba cortado por una gran cantidad de fogatas y encapuchados tirando de todo y contra todo.

Allí saqué mi celular que tenía escondido y llamé al C.O.F. para que autorizara cambiar la ruta.

Tuve que esperar varios minutos hasta que por medio de la consola rutera me dio las nuevas  coordenadas:  virar a la derecha en Zapadores hasta Independencia, allí seguir hasta el cruce con Américo Vespucio, hacer retorno bajo el puente, regresar al sur y virar a la derecha en Héroes de Iquique y llegaría al Cabezal .

Hice lo que me indicó el C.O.F. pero al enfilar por Independencia hacia el norte la cosa se puso hedionda de fea porque estaba lleno de fogatas y tipos tirando piedras, bombas molotov y algunos hasta balazos con escopetas.

Un pasajero se acercó temblando bastante nervioso y me preguntó: ¿Cómo vamos a pasar, Maestro?

Observe y no se pierda detalles-- le contesté.

Entonces bajé la cuchilla rompe hielo que me habían instalado en la Maestranza y con ella hicimos a un lado las fogatas despejando y abriéndonos camino para seguir nuestra ruta asignada por el C.O.F. y así nos fuimos por Independencia hacia el norte pasando por el centro de las fogatas las que eran dispersadas por la cuchilla rompe hielo.

Esta acción no la esperaban los encapuchados que nos comenzaron a tirar toda su artillería, molotov, piedras, palos, zapatos viejos, tomates podridos, escupitajos, hasta una silla rebotó en la carrocería del taxibus, pero no contentos con eso estos desgraciados nos tiraron chaya y serpentina  porque eran bastante  agresivos.

Pudimos llegar al cruce con Américo Vespucio hicimos el retorno y llegamos al Cabezal sin novedad alguna; todos los pasajeros que eran vecinos se fueron a sus casas rápidamente porque no había energía eléctrica en el sector.

Ahí me reuní con varios colegas que me esperaban y nos fuimos en caravana hasta el depósito de Santa Marta, allí dejé el taxibus en el wash-car para que con la abnegación que tienen le sacaran las huellas de molotov y humo de la pintura exterior.

Luego en el taller mecánico con toda la voluntad y profesionalismo que poseen en solucionar problemas le retirarían la cuchilla rompe hielo y un Alfa se comprometió a llevarla hasta la Maestranza y para demostrar nuestro agradecimiento se le entregaría al personal una tarjeta Bip cargada  para que se movilicen en Transantiago.

Y así terminó el terrible Día del Delincuente  2018.

Espero que este año  sea mas tranquilo


                                                  

                                                 

                                                   

El Lado Oscuro De "La Fuerza"

 Viendo las noticias me entero de una niña que fue castigada por su profesor, y esto me lleva a escribir algo respecto de estas situaciones en mi escuela.


Primero debo contar que a mi padre según contaba él; mi abuelo lo castigaba de manera brutal, me contaba que una vez lo más suave que hizo fue romper la picana de los bueyes en su espalda. Tan salvaje era mi abuelo que cuando llegaba por las noches todos ellos, sus hijos; se metían debajo de la cama para no ser alcanzados por “la fuerza” de su furia.

También me contaba mi papá de la forma en que los profesores castigaban a los alumnos estando él en la escuela; en especial me contaba de una vez que un profesor aplicó una bofetada con tal fuerza en el rostro de un niño que este azotó la cabeza en el muro frente a la puerta del sala de la Dirección, que le produjo un tec y posteriormente el fallecimiento.


Bueno, con el tiempo me tocó probar de esta misma medicina en carne propia, con razón a veces, sin razón en otras. En una oportunidad estuve durmiendo como un mes boca abajo, porque mi papá me molió de tal manera la espalda con un pedazo de manguera que no podía dormir de otra manera.

La primera vez que el asunto se puso feo en la escuela fue una vez en primer año que estando solos en horario de clases nos pusimos a jugar en la sala con tal escándalo que cuando nos sorprendió el Sr. Palacios nos hizo formar adelante para proceder a sacarse la correa del pantalón para "disciplinarnos", acción que hizo que Jorge Rivera se pusiera a llorar de tal manera que el profesor tuvo lástima de nosotros y nos perdonó. Para ser sincero no recuerdo si el señor Palacios nos aplicó castigo físico alguna vez.

Posteriormente durante el año 1965 siendo alumnos del Sr. Maureria el profesor que recuerdo casi con devoción nos castigó muchas veces propinándonos fuertes bofetadas en el rostro. También recuerdo una vez en ese mismo año que Juan Fernández le pegó a un alumno de otro curso resultando que un profesor era su padre el que persiguió a Fernández hasta la sala y le propinó literalmente una pateadura. ¿A quién reclamar? No había en ese tiempo.

Posteriormente el año 1966 cuando se marchó el Sr. Maureria y durante algunas semanas nos hicieron clases distintos profesores, en matemáticas el Sr. Luis Faúndez, nos daba con una regla de madera gruesa en los nudillos de los dedos. ¿A quién reclamar? No existía tal mecanismo.

Cuando nos comenzó a hacer clases el Sr. Rocha, mi querido profesor tenía algunos métodos nuevos; nos castigábamos nosotros mismos. ¿Cómo era eso? Muy simple.

Nos hacía dictados en el pizarrón y el que detectaba una falta de ortografía podía ir a corregir a su compañero y aplicarle un “coscacho”. Yo personalmente les di

a todos mis compañeros porque desde siempre he tenido buena ortografía.

Ahora, si por casualidad nadie se percataba de una falta en la escritura del que estaba escribiendo en el pizarrón, nos daba vitamina “C” a todos. ¿Qué era la vitamina “C”?. Sencillo, se sacaba el cinturón y nos daba tres “comprimidos” por la espalda.
De aquella “vitamina” recibimos una dosis todos en muchas oportunidades, nadie se escapó.

Yo no quiero juzgar desde aquí el actuar de mis profesores, sólo quiero retratar una época que ha pasado, lamentablemente no del todo porque desde siempre el hombre ha hecho uso de la fuerza para imponer, y no de la razón para enseñar.

Quiero decir que el uso de “la fuerza” se realiza porque nuestra idiosincrasia es así, arreglar a golpes o insultos todo; además se hace cuando el adversario es débil y no puede defenderse; lo digo porque me tocó estudiar en una época cuando se combinaban en la sala en un mismo curso niños de 10 años con jóvenes de 18 por ejemplo; entonces con los “grandes” los profesores no se metían.

Además estábamos los alumnos en un estado de indefensión total, no existían para los efectos por lo menos en mi escuela, sicólogos, orientadores y ramos afines con que se cuenta actualmente; por lo que estas prácticas traían algunas consecuencias que en muchos casos pasaban desapercibidas por los adultos que tampoco estaban en condiciones de enfrentar porque su preparación académica en muchos casos era precaria; además que el castigo físico se practicaba en casa por lo tanto era “normal” aquello.

Recuerdo una vez en el año 1969; en 6to año básico, en que estábamos rindiendo una prueba con el Sr. Rocha; y así como terminábamos salíamos de la sala para no molestar al resto; entonces como seis nos fuimos al gimnasio a jugar a la pelota, sorprendiéndonos allí el sr. Manlio Navarrete, y por ser dueño de la pelota, me dio una bofetada en la mejilla izquierda con tal fuerza que casi me desmayo. ¿A quién le reclamaba? No existía esa posibilidad.

Al año siguiente, cuando nos haría clases un profesor en cada asignatura, me encontré con la desagradable noticia que el sr. Manlio Navarrete sería mi profesor de Educación Técnico Manual, situación que ocasionó que hiciera la “cimarra” hasta que fui sorprendido en la calle Villagrán frente a “El Vergel” por mi papá.

Hubo “gran escándalo gran” porque mi mamá tuvo que ir al colegio a recibir la noticia de parte del sr. Raúl Durán, y se hablaron muchas cosas, pero nadie me preguntó por qué hacía la cimarra. ¿A quién le confiaba todo? No había a quién.

Entonces aquellos “resabios” como se dice no eran más que prácticas “normales”, propias de una época dura y difícil para todos, además porque la formación en general era de esa manera y no había forma de cambiarla por el momento.

No obstante lo anterior no existe en mí por lo menos, rencores, traumas ni resentimientos con nadie; sólo hay gratitud y amor hacia mi Escuela Nº1 y mis profesores.

Las cosas han cambiado hoy, los hechos que se ven en la televisión son aislados y puntuales, no son una práctica común; sólo obedecen a situaciones diríamos “extraordinarias”.

Mis hijos no tuvieron esos problemas en sus colegios, yo no lo hubiera permitido porque jamás los castigué físicamente; esos tiempos pasaron y debemos todos adaptarnos a las nuevas modalidades y encontrar el equilibrio entre las exigencias y las restricciones para vivir en una sociedad armónica y saludable donde el respeto abunde para poder vivir en paz. 

                                                     

Camino Longitudinal en Cañete

 Desde muy niño diariamente llegaba hasta la casa de mi abuelita Doña Hortensia Arriagada Torres que vivía en la Población Santa Clara, la periferia de Cañete por esos años; porque allí estaba mi hermano Luis Ernesto con quién hacía muchas “maldades” en la cancha existente  en  el lado poniente de la población, todo eso hasta que aparecieran unos paneles que luego se convirtieron en la Población Nueva Santa Clara, situación que redujo el lugar para jugar pero a la vez trajo muchos y nuevos amigos.


Para llegar hasta allí me dirigía desde mi casa en el sector de Puente El Carmen-Camino a Cayucupil cruzando la propiedad de Don Segundo Concha y familia, en donde primero “robaba” unas ricas ciruelas y uvas, según fuera la ocasión; luego subía el cerrito (como yo le llamaba) y me enfrentaba al fundo de los Hermosilla-Silva en donde algunos veranos podía disfrutar del hermoso paisaje que produce el trigal cuando está madurando, luego atravesaba la loma hacia el poniente y salía por donde se instaló la población Cora en el gobierno de Eduardo Frei Montalva; (cuando se construyó esta población mi papá me mandó muchas veces a recoger clavos doblados que los maestros tiraban), por lo que llegaba a casa de mi abuelita desde el norte.


(La población Cora se hizo para albergar a todos los funcionarios y sus familias venidos de fuera de Cañete a trabajar en las oficinas de lo que se llamaba Corporación de la Reforma Agraria impulsada durante el gobierno de Don Jorge Alessandri por el artículo 11 de la Ley de Reforma Agraria N° 15.020 de 1962 y disuelta el 12 de diciembre de 1978 mediante el Decreto Ley 2405)


Otras veces lo hacía subiendo el cerro en donde según contaba mi papá alguna vez hubo un cementerio, nunca me preocupé de saber como se llamaba ni a quién pertenecía aquel predio; y salía justo en la esquina de las calles Ignacio Carrera Pinto con Tucapel por el costado de donde vivía una familia de apellido Moltedo.


Todo eso hasta que un día que no puedo determinar en mis memorias del año ‘68 o ´69, al cruzar el terreno de Don Segundo Concha me percato que unos añosos eucaliptos que marcaban la líneas divisorias de la parcela con el terreno colindante por el norte  habían sido talados.


Luego, al llegar al plan del terreno de los Hermosilla también me doy cuenta de que en un costado de esta propiedad y junto a una hilera de eucaliptos que marcaban los límites de esta propiedad con el cerro antes mencionado; habían instalado una especie de campamento porque había varios galpones oficinas y mucha maquinaria.


También instalaron allí una especie de villa o población para todo el personal que llegó con esta empresa.


La empresa mencionada se llamaba Constructora Ignacio Hurtado Hecheñique e Hijos  y comenzó a trabajar desde el sector norte de Cañete por la parte oriente abriendo una senda que con los años daría paso a la excelente autopista que posee la ciudad en la actualidad.


Yo no le dí mucha importancia durante algún tiempo a este acontecimiento pero cuando comenzaron a trabajar y cortar en dos la propiedad de Don Julio Saú hacia el sur me enamoré de toda la maquinaria que veía trabajando en el lugar.


Nunca había visto rodillos compactadores, cargadores frontales, menos los camiones de las dimensiones que estaba viendo en ese momento, tractores bulldozer, y lo más impresionante a mis ojos infantiles eran los tractores-scraper (raspadores) que nunca había visto, y tampoco volví a ver.


Aquellos tractores (camiones) eran impresionantes a mis ojos cuando bajaban la tolva o cuenco que con un borde delantero horizontal agudo cortaba la tierra y llenaba su tolva con unos 8- 10 metros cúbicos de material; y que una vez llena levantaba la tolva y la cerraba con una cuchilla vertical conocida como plataforma, luego el tractor transportaba su carga a la zona de relleno donde elevaba la cuchilla y el panel posterior o eyector era hidráulicamente empujado hacia adelante moviendo la carga hacia fuera. Luego repetía el ciclo.


Como este tractor no tenía la fuerza suficiente por si mismo para realizar el raspado de la tierra era ayudado por un bulldozer que lo empujaba hacia adelante con su hoja arrastradora.


Tanto me dediqué a contemplar estas faenas que diariamente estaba en el sector cerca del cementerio instalado sobre un corte de tierra desde donde fácilmente pude aprender el funcionamiento de estas maquinarias que sabía en mi mente infantil nunca volvería a ver.


Recuerdo que una vez mi papá salió a buscarme y cuando estuvo a mi lado le iba indicando como había que hacer para operar los distintos movimientos de los bulldozer, “Cuando mueve aquella palanca (torque) la máquina anda hacia atrás o adelante, le “enseñaba “a mi papá.


Por aquellos años la tarea de esta empresa solo era abrir la senda por lo tanto no le echaron estabilizado ni gravilla; solo marcaron la huella.


Para cruzar el río Leiva hicieron un magnífico puente de material sólido que me parece mucho es el que todavía perdura.


Para cruzar el río Caillín hicieron un puente de 4 tubos de metal corrugado que fue la novedad de ingeniería mas espectacular de aquellos años a la cual la gente de Cañete acudía en masa a admirar.


Con el tiempo el sector recibió la denominación de Los Cuatro Tubos.


Con el paso de los años me olvidé de las máquinas y de muchos sueños; pero de pronto mi ocupación laboral se relacionó directamente con la construcción y me di cuenta que ya no se usaban los tractores-scraper; que había nueva maquinaria; grúas horquilla, mini cargadores (gatos), enormes grúas torres, grúas telescópicas, autocargadores de containers; y una enorme variedad de máquinas que se pueden emplear en múltiples faenas en la construcción.


Hasta que un día en Santiago  mi jefe me dice “tienes que ir a la Empresa Ignacio Hurtado en calle Santa Inés de Conchalí ” , cuando llegué al lugar y esperando la resolución de lo que iba a cargar en el camión  me instalé  a conversar con un viejito ( siempre hay un viejito en todas partes) a quién le conté esta misma historia y cuando termino de hablar el viejito me dice:


“Maestro, lo invito a ver algo que está en ese galpón para que se emocione un poco” y era que no, allí estaban casi todas las máquinas que había visto trabajar en Cañete en los días de mi niñez; allí estaban amontonadas, abandonadas y olvidadas; llenas de óxido por el paso del tiempo. No podía creer lo que estaba viendo.


Hoy quiero rendir homenaje a aquellos hombres que dejaron esta huella en Cañete abriendo sendas para las generaciones actuales y posteriores y de los cuales tal vez nunca sabremos sus nombres, pero es tal cual lo dice Julio Iglesias “la obras quedan, las gentes se van”


Epílogo.


Hace tan sólo unos días a través de Don Daniel, conductor de camiones de la empresa supe que las dependencias de la misma Ignacio Hurtado Ltda. ya no están en ese lugar pues se mudaron; y las máquinas, o lo que quedaba de ellas fue vendida como chatarra para ser fundida. Una terrible pena.


                                                    

                                                                                                                                          

                                                          

                                                               

                                                   

                 

 

La Señora Mildre



Una vez   en Avenida Tobalaba vi en una paleta publicitaria un mensaje que decía: escucha a un extraño en la calle y escribe su historia.

El día sábado rumbo a mi trabajo me fui hasta Barón de Juras Reales con Catorce de la Fama para hacer la combinación para llegar hasta Intermodal Los Libertadores.

Estaba solo en la Parada cuando llegó una señora que se sentó a mi lado y comenzó a conversar conmigo ...debo decir que soy poco dado a conversar con extraños, pero recordé lo de la paleta publicitaria.

Comenzó diciendo que iba hasta el mall Vespucio Norte por si en algún comercio de allí encontraba una cama para su hijo.

Se casó joven y con su esposo se fueron a E.E.U.U. a trabajar para reunir dinero para instalar un negocio en Chile.

En el país del norte les estaba yendo bien cuando ella quedó embarazada de lo cual nació una niña y que al cumplir un año decidieron viajar a Chile por una breve temporada.

Cuando llevaban un mes en Chile su esposo que tenía 27 años de edad se encontró con un amigo que estaba preparando un viaje a Brasil.

Este amigo comenzó a entusiasmar a su esposo a que viajaran hasta Brasil porque según sus planes les iría muy bien.

El joven esposo se dejó embobar por los "cantos de sirena" de su amigo y partieron rumbo a Brasil en contra de su voluntad porque esos no eran los planes con los cuales habían viajado desde E.E.U.U.

Ella quedó en Chile con su pequeña hija y como a los dos meses la contactaron desde la Cancillería porque según le dijeron en Buenos Aires en un cementerio habían encontrado un cadáver que respondía a las características de su esposo.

Ella viajó hasta Buenos Aires donde constató que efectivamente la persona fallecida era su esposo que había sido asesinado.

Lo sepultó allá en Buenos Aires y se devolvió a Chile para emprender una vida de arduo trabajo para en parte cumplir las metas que se habían forjado con su esposo.

Del amigo nunca volvió a saber nada.

Tiempo después y luego de haber reunido una suma de dinero viajó nuevamente hasta Buenos Aires pero esta vez para exhumar el cuerpo de su esposo y traerlo a Chile para que su hija cuando preguntara por su padre pudiera visitarle.

Pasaron 10 años y conoció otra persona y se unió en pareja nuevamente de la cual nació un niño y que hoy es un adulto de 40 años y el motivo de la charla.

Como ella en los 10 años pasados había trabajado duro pudo reunir un importante patrimonio económico por lo que pronto pudo darse cuenta que ese era el objetivo de su nueva pareja así que le "tocó la retirada"

Hoy tiene problemas con su hijo que vive con ella porque tiene "algunos vicios" - según dijo.

Estos vicios de su hijo causan que venda las cosas y destruya otras, pero ella no reniega de eso sino que su mayor preocupación es que será de el cuando ella no esté para asistirlo.

Producto de su trabajo posee 3 casas que son de su entera propiedad viviendo en una ella con su hijo y las otras dos en alquiler lo que representa su entrada económica para pasar el día a día.

Me decía que a sus 77 años de edad ya no espera nada de la vida y que solo le pide a su hija mayor que cuando ella se vaya pueda preocuparse de su hermano y que no mire ni opine de sus vicios porque ya no tienen solución...según ella.

Vino el bus 214 de la empresa Subus y se marchó llevando a cuestas su vida marcada por el sufrimiento y el trabajo arduo para llegar al final del camino con mas preocupaciones que cuando lo empezó. 


                                                       

Lo Que Dicen Las Canciones // Mecano -- Mujer contra mujer (José María Cano)

 Mariana es una mujer diríamos común; no es ejecutiva en ninguna empresa, tampoco está vinculada al mundo político, pero en su barrio sobresale por su belleza y encanto que hace notar en su buen gusto  al  elegir su vestuario. Además es amable  con sus vecinos quienes la tiene en alta estima y catalogada como una buena persona.

No se le ha conocido pareja a pesar que dicen; dicen que es  divorciada  lo que crea un aura de misterio en torno a su vida sentimental.

Es pulcra en el trato con las personas  lo que indica que tiene buena preparación académica.

No obstante lo anterior  se desempeña en una empresa de aseo en departamentos  donde está muy bien calificada por sus jefes y compañeros de actividad pues nunca ha habido una queja  referente a su desempeño laboral.

Debido a los mismo lleva casi un año atendiendo el departamento de Julio, un ejecutivo empresarial  de 38 años, soltero y que en varias ocasiones le ha hecho invitaciones a salir  sin que haya obtenido  resultados favorables. Siempre se ha excusado que los momentos libres le gusta estar en su casa  donde se relaja  porque su trabajo es muy extenuante. Dice que debe atender sus gatos y plantas que le proporcionan  calma  y puede leer  tranquila  para desestresarse  de la rutina.

Pero en esta ocasión la invitación apareja una causa especial; según le dijo Julio  que en la empresa  van a celebrar  un acontecimiento  y todos, todos deben asistir con su pareja para dar realce a la ceremonia donde habrá algunos reconocimientos  y premios al personal.

Mariana, lo miró fijamente y con suave voz le preguntó; “ realmente esa es la razón de tu invitación   o es otro el motivo”.

Julio manteniendo la mira inquisidora mirada contestó que  ese era el motivo y que se sentiría muy honrado que lo acompañara.

Mariana  aceptó acompañarlo  pero sin ningún tipo de compromiso.

El día viernes a las 20 horas Julio fue muy puntual  en pasar a buscar a Mariana porque la reunión  en la empresa era a las 21 horas porque  después de aquello estaba programado un baile con una gran orquesta para amenizar  la reunión.

Cuando faltaban  como cien metros para llegar al salón de eventos de la empresa Mariana hizo detener el móvil a Julio  porque dijo quería preguntarle algo;  Julio detuvo el automóvil  y Mariana  con suave pero firme voz le preguntó “me invitaste solo para que te acompañe o quieres darle celos a alguna de tus colegas en la empresa o algo parecido, dime la verdad” No, no, no, nada de eso, te invité porque  siempre te he invitado a salir pero te has negado  y esta es una ocasión especial para mí  y quería que estés conmigo, solo eso.

Bien--dijo Mariana-entremos.

Entraron al salón donde el ambiente era muy cálido y acogedor, las personas eran muy cercanas pues todos saludaron a Mariana con mucha amabilidad, en especial las mujeres  que eran las esposas y novias de los varones asistentes.

Una vez  iniciada la ceremonia  hubo discursos de los  gerentes de las distintas  reparticiones  de la  empresa, varios empleados fueron galardonados  con diplomas y cheques  como premio a sus gestiones;  Julio fue nombrado Gerente de Marketing   lo que provocó un estallido de aplausos y vítores de todos los asistentes. Al recibir el nombramiento Julio se notaba emocionado.

Luego de eso el baile.

Un grupo de mujeres llamaron a Mariana  para que se integre a la cofradía diciendo “ven acá, celebremos nosotras; dejemos que los hombres  celebren  a su manera por allá”.

Todas se presentaron y allí estaba Jacqueline que era una mujer muy bella y emanaba  una fragancia  muy exquisita de perfume francés que daba a entender que era una mujer de mundo, que viajaba mucho.

Los minutos pasaron y de pronto Mariana se encontró sola conversando con Jacqueline de miles de cosas  como si se conocieran de mucho tiempo.

Algo hacía vibrar a  Mariana al contemplar  a Jacqueline  sin saber  qué,  también ella se sentía observada  fijamente  por  ella lo que  la hacía sentir cosas extrañas en su mente...y en su cuerpo. 

Las horas pasaron y Julio nunca vino a invitarla a bailar que era lo mínimo que ella esperaba  pero se fijó que era el centro de  y atracción de la fiesta así que se olvidó de él. 

Como a las dos de la madrugada y viendo que Julio estaba “en otra” le preguntó a Jacqueline si podía ir a dejarla a su casa. 

Jacqueline dijo que sí  porque con su marido andaban en coches diferentes.

Cuando llegaron a la casa de  Mariana la invitó a entrar  para que descansara  y conversar un rato.

Mariana trajo unos canapés y una botella de vino rojo  con unos  pequeños vasos.

La casa de Mariana estaba delicadamente ornamentada con unos cuadros bellísimos colgados en las paredes y en la mesita de centro un portarretrato  que tenía una fotografía de Mariana quién estaba de la mano con un varón muy apuesto.

Jacqueline le preguntó ¿quién es? a lo que Mariana contestó escuetamente -  “una ilusión pasajera”

No lo has olvidado, inquirió Jacqueline  queriendo saber más; pero Mariana guardó silencio.

Se sentaron en el sofá que estaba forrado con un tapiz  muy hermoso, brindaron un vaso de vino y conversaron largo rato, se contaron chistes y anécdotas y de pronto...

...se miraron fija y mutuamente en silencio, se tomaron tímidamente de las manos apretándose fuerte pero delicadamente, acercaron sus rostros y apretaron la mejilla de una contra la otra hasta llegar a rozarse los labios.

Nuevamente se miraron a los ojos y se besaron firme y apasionadamente como queriendo recuperar mucho tiempo perdido.

Las manos de cada una comenzaron a recorrer el cuerpo de la otra  con desesperación inusitada  como algo que deseaban  con todas la fuerzas de su corazón.

Desde la calle se vio  que las luces de la casa de Mariana se apagaron  y la puerta se abrió cuando el sol  iluminaba el universo con esplendor; Mariana al despedir a Jacqueline desde su mano sopló un beso que surcó el aire  y se marchó en el coche con la mujer  que conducía.

                                                       


Lo Que Dicen Las Canciones// Isabel Pantoja -- Así Fue



 Carlos Alberto iba feliz y raudo por las calles de la ciudad porque según su manera de ver las cosas esta vez no fallaría ya que era el cuarto intento.

Colocó su música favorita en el equipo de audio de su recién adquirido automóvil Volvo EX30 Eléctrico año 2024, equipado con avanzados radares traseros y con espejos exteriores sin marco;  la música que llegó a hasta sus oídos desde la  moderna barra de sonido convertida  en el núcleo de un sofisticado sistema de audio, mejorando significativamente la experiencia sonora de manera envolvente,  le hizo divagar con pensamientos llenos de ilusión, fantasías amorosas y viajes de placer por los paisajes del mundo.

El silencioso motor de su coche eléctrico permitía escuchar hasta el mas leve tintineo de la batería del grupo que sonaba y que era su favorito desde siempre.

Llegó hasta los límites de un elegante condominio aparcando en el lugar para visitas en donde el conserje realizó las llamadas para avisar su arribo al lugar.

Una vez que se le indicó que podía esperar en una pequeña plazoleta caminó hasta allí llevando en su mano izquierda un hermoso arreglo floral con tulipanes, orquídeas y gerberas y en la mano derecha un llamativo y ostentoso estuche con chocolates suizos de varios sabores.

De pronto apareció una hermosa y llamativa dama que caminaba con un ritmo acompasado y lento, como midiendo sus pasos que la hacía sobresalir porque su estatura era un poco superior a la media; venía enfundada en un llamativo y ajustado traje de una pieza de color rojo que dejaba resaltar sus formas físicas que eclipsaría a la modelo más experimentada.

Saludó un poco fría al varón que la esperaba con una sonrisa en los labios; este le entregó, primero las flores y luego los chocolates que recibió casi con la misma frialdad del saludo.

--¿Cómo has estado, Carlos Alberto? ---preguntó.

--Bien--- contestó el interrogado... y a ti ¿ como te ha ido estos días?

Excelente, con bastante trabajo-- contestó ella.

Carlos Alberto quiso acelerar el resultado de aquella reunión preguntando:

¿Qué te ha parecido mi propuesta? ¿Nos damos otra oportunidad?

Ella lo miró fijamente frunciendo el ceño para luego dirigir su mirada hacia un pequeño cerrito que se veía en la distancia.

Luego miró nuevamente a Carlos Alberto y dijo: te lo he contestado un par de veces; no hay posibilidad alguna porque tu me abandonaste sin motivo.

Carlos Alberto se mordió el labio inferior en un gesto de desagrado y dijo; "pero he regresado, ya estoy aquí nuevamente".

La hermosa dama lo miró fijamente y contestó: Carlos Alberto, tú no quieres entender que ya no te quiero, me abandonaste, te fuiste sin motivo; no me dijiste que volverías...solo te fuiste. Por si no lo recuerdas, así fue.

Carlos Alberto sabiendo que nadaba cuesta arriba casi con un susurro replicó: la vida me enseñó que no debí hacerlo y que regresara. Aquí estoy y si retomamos nuestro idilio nunca más te dejaré.

Mira, buen hombre, dijo ella, tal vez dices la verdad pero, ¿quién  asegura que será así?

Te he de recordar que te marchaste sin razón, lo hiciste de improviso; de la noche a la mañana quedé sola y frustrada sin saber que había pasado.

Carlos Alberto jugando sus últimas cartas replicó nuevamente: podemos recuperar el tiempo perdido y ser los de antes.

Ese es el punto--dijo ella; yo estaba muy enamorada de ti y habría ido hasta el fin del mundo si me lo hubieras pedido  pero  me dejaste sola;   además  tiempo después  conocí alguien que me hizo ver que aún quedaba vida para mí y me enseñó a perdonar y olvidarte. No te guardo rencor, Carlos Alberto; estoy en paz conmigo misma, a él lo amo y tú eres solo un recuerdo del pasado. 

Seamos amigos y te ruego que no me hagas más sufrir, no insistas que todo lo mataste tú.

Adiós Carlos Alberto; te deseo lo mejor.

La hermosa dama se levantó y caminó hasta su departamento; 

Carlos Alberto quedó allí completamente derrotado y hundido en la pena, luego su pecho exhaló un hondo suspiro y se marchó hasta el estacionamiento.

Como testimonio de aquella despedida quedó sobre el banco de la plazoleta un hermoso arreglo floral y un estuche con chocolates suizos de varios sabores.


                                               

El Viejito Antipas

Los recuerdos son muy borrosos porque yo era muy niño en la época del relato pero recuerdo que mi abuelita Hortensia hizo venir a mi mamá hasta su casa porque había ocurrido algo según ella, fuera de lo normal.


Mi mamá pensó que seguramente le había ocurrido algo a mi hermano Luis que ya vivía en su casa; pero no, no era eso.


Mi abuelita había tenido una fuerte discusión con mi abuelito Pancho y como resultado de aquello él se había ido de la casa.


Recuerdo que le dijo: Anita, anda a buscar a ese viejo tonto y dile que vuelva, que ya está viejo para esos trotes; se fue para la casa de Antipas.


Marchamos hasta casa de quién yo conocía vagamente como “el viejito Antipas” en calle Mariñán casi al llegar a Condell por la vereda poniente y ahí estaban los dos viejitos sentados aprovechando el sol reinante cada uno con su bastón.


Mi mamá llamó a mi abuelito haciéndole saber el mensaje de mi abuelita y después de pensar un poco le dijo: ya, Anita; dígale que voy a regresar...pero mañana... es tan idiota pero que se le va a hacer.


El viejito Antipas; de quién nunca supe su nombre era algo así como un ermitaño porque se lo pasaba por los cerros y quebradas cercanas a Cañete buscando oro, ese era su propósito, encontrar una veta bastante rica y volverse millonario.


Mi padre decía que un señor Jana lo financiaba en sus proyectos.


Habitualmente yo lo veía pasar por el camino a Cayucupil con un sombrero envejecido por el sol y el tiempo y sobre su espalda un morral donde seguramente llevaba cocaví (alimento) y una picota sobre el hombro.


Su vestimenta era bastante desgastada, un pantalón de mezclilla con un parche en una de sus rodillas y dada la calidad de los remiendos se podía observar que vivía solo, sin pareja.


Tenía un perro llamado “Fiel” que cuando pasaban por el camino hacia Cayucupil se quedaba conmigo en mi casa y al cabo de unos días el perro se ponía nervioso lo que anunciaba que venía de regreso y se marchaba con él hasta Cañete.


Una oportunidad que andaba con mi padre en los faldeos de “El Avellanal” cercano al río Cayucupil encontramos unas instalaciones de arneros en un arroyo que venía de “la´gua colorá” y tenía toda una infraestructura minera; unos arneros armados, unas palas y palillas, unos cedazos y unas especies de lavatorios según puedo recordar, mi padre me dijo por este lugar es donde “minea” el viejito Antipas buscando oro.


Nunca supe si encontró alguna cantidad importante del preciado metal; tampoco supe de su fallecimiento y el perro “Fiel” nunca más volvió a mi casa pero quedó en mis recuerdos como algo hermoso de mi niñez.


Hoy talvez nadie se acuerde ni haya oído alguna vez mencionar al viejito Antipas pero es de aquellos personajes que forman parte del folklore de una parte de mi pueblo y de mi país que nunca recordarán con su nombre en una calle por ejemplo; pero su tesón y esfuerzo los hace dignos de la mas absoluta admiración.


Estoy seguro que en este instante hay muchos viejitos Antipas en alguna parte de mi país luchando de forma anónima por ellos mismos y si progresan en su cometido progresamos todos, porque de una u otra forma todos nos beneficiamos cuando se trabaja de manera honrada y digna


Mis respetos por todos los viejitos Antipas que están por ahí.