Greco -- La nave del olvido (D. Ramos)
Comenzaba ha oscurecer y las personas se apresuraban a verificar en los andenes que el autobús que los llevaría a su destino fuera el suyo; se escuchaban gritos, risas, se daban abrazos y besos; se deseaban suerte y los mejores augurios de la vida.
Para aquella pareja en particular esto era el adiós para siempre, tal vez.
Estaban tomados de la mano en silencio sobrecogedor mirándose a los ojos; el bullicio existente a su alrededor y la multitud no existía porque para ellos era el fin.
El cielo poco a poco comenzó a oscurecer, no solo por la llegada de la noche sino porque también unas nubes negras comenzaron a cubrir el firmamento.
Una suave llovizna comenzó a caer por lo que las personas comenzaron a ubicarse bajo los techos del Terminal de Autobuses.
La pareja continuó allí estoicamente, solo se miraban; un leve suspiro emanó del pecho de la dama y el varón le dedicó una suave caricia en su cabello.
Al mismo tiempo que la lluvia se hizo mas fuerte un pitazo y un grito ¡¡abordar los buses!! motivó que la dama se empinara en la puntilla de sus pies y besara suavemente en los labios al varón musitando un "adiós" que fue como un gemido de dolor que desgarra el corazón. La lluvia se hacía mas fuerte cada vez y unas lágrimas rodaron por las mejillas del varón.
La dama ya en el interior del autobús ubicó su asiento y desde la ventanilla contempló al varón que seguía parado en el lugar donde lo había dejado. Desde allí le hizo un suave ademán con la mano derecha en señal de despedida.
Sonó nuevamente un fuerte pitazo a tiempo que la lluvia arreciaba como si los cielos también lloraran y el autobús comenzó a realizar las maniobras de partida.
El varón caminó hasta la calle para ver por última vez a la dama que se iba y desde una ventana cercana una persona que contemplaba la escena le gritó ¡arrepiéntase amigo, no la deje ir! y el varón comenzó a seguir el autobús mientras la lluvia caía con mas fuerza que le había empapado hasta el espíritu.
El varón comenzó a correr tras la máquina que se alejaba indiferente a todo sentimiento humano; de la garganta del varón salió un grito desesperado ¡¡espera, deténgase!! el mismo que fue ahogado por un fuerte trueno que estalló entre las nubes que dejaban caer una lluvia furiosa como si las compuertas del cielo hubieran sido abiertas en todo su extensión.
La maldita máquina en la esquina hizo un viraje a la derecha y se perdió entre la oscuridad y el varón siguió parado allí en medio de la calle con sus brazos extendidos hacia la nada mientras que las gruesas gotas de lluvia ahogaban las lágrimas que corrían por sus mejillas.
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