Recién llegada e instalada la emisora en el local de las esquinas Saavedra con Videla de propiedad de la familia Petit-Laurent , como ocurrió en varias oportunidades se creó un espacio infantil para que los niños fueran a compartir sus inquietudes artísticas, este primer programa se llamó “Mundo Infantil” animado por la tía Carmen Vergara; el mismo programa al cual el niño Rubén Carrasco le modificó la letra a la canción del momento ; “Mundo feliz” del cantante Marcelo ( animador del programa Cachureos) ganándose la admiración de todos por tan ingeniosa adaptación.Por aquel tiempo el papá de un niño en particular viajaba a menudo a Santiago, razón por la cual y para que sus hijos se divirtieran aprendiendo les trajo de regalo un disco Long-Play con canciones infantiles que enseñaban las tablas de multiplicar; y como existía este programa el papá de este niño, le dice que lo lleve a la emisora para que lo compartiera con los demás niños como una novedad; por la timidez el niño se demoró un tiempo en llevarlo y cuando al fin se decidió a ir con el disco hasta la emisora sin decir palabra se lo entregó a Juanito Gutiérrez, por supuesto lo tocaron dándoles los agradecimientos a este niño y convirtiéndose estas rondas infantiles en un verdadero acierto del programa “Mundo infantil”.
Pero, había un detalle…el disco era prestado…y como el niño no lo dijo NUNCA SE LO DEVOLVIERON, y tuvo que conformarse con escucharlo por la radio cada vez que renacía el programa infantil.
Casi 40 años después se encuentran el niño dueño del disco y Juanito Gutiérrez en la entrega de premios a los "Vecinos Destacados" de Cañete en la ceremonia del 18 de septiembre del 2007; el niño era Alejandro Fica, hoy Director de Lanalhue Noticias quién le recordó a Juanito el detalle aquel convirtiéndose esto en otra de las anécdotas de nuestra querida emisora.
--Por el año 1975 varias veces vi al grupo Amancay femenino ir a cantar a la radio para difundir esta agrupación; ellas tocaban casi los mismos instrumentos que los varones, y eran múltiples ejecutoras por lo se intercambiaban los instrumentos para los diversos temas, de hecho mi amiga Gabriela Vergara tocaba charango, guitarra y quena; también el bombo cuando era necesario.
Entonces en la entrevista con el locutor de turno se producía el siguiente diálogo: tu nombre---fulana; ¿estudias?---sí; ¿que tocas tú?—guitarra; y tu ¿Qué tocas?---charango; tu ¿Qué tocas?---el bombo; Tu, ¿Qué tocas?---Quena… y tu ¿Qué tocas?.. Entonces la indicada bajaba la voz, y decía: “las maracas”…y se producía una risa general.
El año 1975 es muy productivo en cuanto a anécdotas; por abril-mayo de ese año llega a Cañete el gran astrólogo, adivinador, grafólogo y no sé cuántas cosas más: Sanders, que instaló su estudio en el Restaurant “La Luna” que estaba en la esquina de Arturo Prat con Mariñan; muy serio al principio, más bien grave diría yo; traía un joven acompañante al que presentaba como actor, y este joven era quién leía las cartas que le mandaba la gente para después él dar la respuesta correspondiente; todo iba bien…hasta que día…presenta el muchacho al Gran Sanders quién va a entregar el horóscopo preparado para el día; comienza a hablar el charlatán …perdón, el astrólogo, y dice más o menos así; “ señores , señoras , anoche después de estudiar la constelación de estrellas del firmamento y de ver las cualidades del astro reinante por estos días; he preparado el siguiente horóscopo para ustedes”…Aries—dice “el actor”---y entonces Sanders saca de un bolsillo de su pantalón una hoja doblada con el horóscopo de una revista de cómo ¡¡¡10 años atrás!!, ahí tuve que hacer esfuerzo para no soltar la risa. Y existe gente que les cree a estos tipos, pensaba yo.
Pero bueno, la vida esta llena de oportunidades así pasaron un par de días; y a mí que tenía algunos problemas con mi polola se me ocurre una brillante idea; hablé con Sanders y le propuse si podía arreglar cierto signo zodiacal,---por supuesto, me dijo—hazlo tú mismo y yo lo leo”; así que arreglaba el signo de mi polola y el mío cosa que coincidieran; después el de un amigo que tenía problemas también ; después el de una amiga que con su novio tenía algunos problemas; y así me tocó arreglar varios signos zodiacales; por eso los astrólogos y ramos similares conmigo “ni a misa”.
Mi amigo Germán Salas Torres, siempre me decía que el me veía como un “huasito”; pero un “huasito” de pueblo, es decir , con la inocencia y hablando en jerga campesina pero a la vez con la viveza de pueblerino, extraña mezcla veía él, diría yo.
Pero bueno continuemos ; por el año 1973 y a poco de estar trabajando contratado como radio-controlador en la emisora, instalaron el teléfono, lógicamente el aparato quedó en la oficina del Gerente el Señor Rivas distante esta oficina fácilmente unos veinte metros por un pasillo recto desde la sala de control; sonó este aparato un momento en que estaba yo solo por lo que tuve que recorrer esos veinte metros para contestar, lo que hice tímidamente dado que nunca había hablado por teléfono; con voz bajita dije : aló y una voz profunda y misteriosa me dice : ¿me podría decir la hora por favor?—espere un poco, contesté; regresé al locutorio donde estaba el reloj y faltaban veinte minutos para las cuatro; gracias, me dijo la voz misteriosa.
Cuando iba de regreso a la sala de control me vino una sensación extraña, me quedé pensando y me dije a mi mismo: Oye mismo, te las vieron.
Pasó como un año y un día conversando y echando la talla con Tito Muñoz, este hace un juego de voces y recuerdo en ellas la voz misteriosa que me había preguntado la hora, entonces con un grito de sorpresa le dije: Vos fuiste el......que me preguntó la hora el año pasado; Tito se comenzó a reír confirmando que era verdad.
¿Desde donde lo había hecho?, desde la oficina del Flecha Verde que estaba a un costado del Cine Plaza y que por ese tiempo era el centro de las copuchas y cahuines cañetinos; todo lo que pasaba en Cañete llegaba allí y se comentaba; era como el "Mucho Gusto" del lugar.
Después a mediados del año 1974 la emisora se trasladó precisamente a la parte alta del local que ocupaba el Flecha Verde, y por ese tiempo Tito Muñoz vivía me parece que en las esquinas de Ignacio Carrera Pinto con 7mo de Línea, nosotros habíamos llegado a la naciente Población Larroulet, hoy Juan Pablo Segundo; y como me tocaba ir a encender el equipo transmisor; primero pasaba por su casa a despertarlo; entonces una mañana mi mamá se asoma a la ventana y ya está clarito el día, me levanto rápidamente y salgo corriendo, toco la ventana de Tito se asoma la señora Nora , le hablo rápido , despierte a Tito que me quedé dormido, y sigo corriendo al sector de Leiva donde estaba la planta transmisora; enciendo los equipos y me voy corriendo hasta la radio; llego y no veo a Tito que me esperaba siempre afuera porque la llave la tenía yo; lo voy a mirar al odeón de la plaza por si estaba ahí y nada. Como no lo veo decido entrar a los estudios y comenzar las transmisiones, abro, subo corriendo, enciendo la luz y miro al locutorio para ver la hora….¡¡¡ERAN LAS 2.30 DE LA MAÑANA!!!
¿Y Tito? Bueno; él mientras yo llegaba se fue a pasear por la plaza y llegó hasta donde estaba el punto fijo de la gobernación donde vivía el Capitán de Carabineros (recuerden que estamos en Gobierno Militar) y este uniformado que conocía a Tito (que había sido carabinero años antes) le pregunta: ¿y tú que andai haciendo a esta hora? ¿querís que te lleven preso por toque de queda?; ---Tito responde; ¡como que toque de queda!, estoy esperando a Pancho que anda encendiendo el transmisor—el carabinero le responde: ¡oye, hueón, son las 2 y 20 de la mañana! ---¿¿Queeeeé?? Y se fue para la casa. Era una noche de luna llena así que la claridad engañó a mi mamá y a todos.
Todavía la emisora estaba en este local frente a la Plaza de Armas y corresponde celebrar el día del carabinero (27 de abril); temprano llegó ese día un envío de discos desde el sello RCA Víctor que no alcancé a revisar bien, quedando con una tremenda intriga de ello; llegó la noche y lógicamente nos invitaron a la comilona que era en el Salón del Cuerpo de Bomberos; siempre en estos casos llegaba yo al final por estar transmitiendo; tenía que cerrar las transmisiones y para peor volver al Barrio Leiva a apagar los equipos; pero me estaban esperando con unas abundantes bandejas con carne asada y su correspondiente “golpe al hígado”; tan abundante el elixir espirituoso que se me comenzó a escapar el mundo de los pies. Pasaron un par de horas y hubo que emprender la retirada, todos se fueron y yo quedé parado en la esquina de don Juan Beratto frente al Club Social, sabiendo que no era capaz de llegar hasta mi casa; además que me podían agarrar los mismos con los que había estado celebrando y llevarme preso por toque de queda. Así que decidí…irme a la radio que estaba a cincuenta metros.
Poco después de este acontecimiento el CEMA-CHILE comenzó a hacer un programa dirigido a la mujer; la locutora de este programa era la esposa del cabo de carabineros Ramón Bastías; en realidad nunca supe la función de esta señora en el CEMA pero por agosto o septiembre era la fiesta de bautismo de un Centro de Madres en Peleco a la que lógicamente nos invitó.
Llegamos con Tito Muñoz bien temprano para quedar en un buen lugar; tan temprano llegamos que todavía no había nadie por lo que nos fuimos a la casa de Tito Linque que vivía un poco más allá y trabajaba en el I.N.I.A.; a Tito Linque hacíamos que la señora lo echara de la casa dedicándole canciones a nombre de mujeres ficticias, pero esa es otra historia.
Rato después nos fuimos a la ceremonia y ya había harta gente, estaban algunas autoridades y por supuesto el cura Monedero para el ritual del bautismo; antes de eso una comilona como le gusta a la gente de campo; y Tito y yo que parecía que nos habían contratado para ello nos comimos hasta las mesas; las cocineras se nos escaparon.
Después vino la ceremonia bautismal por lo que hubo que correr los mesones hacia un rincón, y hubo que correrlos con nosotros incluidos porque no hubo forma de sacarnos de allí; en eso alguien dijo “tráiganles mas carne a los chiquillos de la radio”, no nos movimos ni por casualidad del rincón donde nos dejaron; según las cuentas entre los dos con Tito nos comimos como 10 pollos, dos corderos y una vaquilla, amén del trago que nos tomamos.
Tiempo después trasladamos la emisora hasta el lugar que actualmente ocupa en Arturo Prat Nº 399; y allí con Alfonso Mendoza comenzamos a hacer un programa en la tarde que no recuerdo como se llamaba, pero era con cartas de la gente pidiendo sus canciones favoritas , así que tocábamos de todo; estando en nuestra discoteca se tocaba, este programa era de 3 a 5 de la tarde, lo pasábamos bien con Alfonso, nos divertíamos harto, a las 6 de la tarde hacíamos un ranking que se llamaba pomposamente “Discomanía 75” aprovechando que el sello Banglad nos mandaba harta música. Todo iba bien, hasta que un día…
…como a las 4 de la tarde le pregunto: oye Alfonso ¿has probado el pipeño del Ultimo Tango? (El Ultimo Tango se ubicaba en la esquina de Villagrán con Esmeralda, y todo lo que tenía era una pipa donde tenía un pipeño…MMMM, mejor sigamos en la historia); NO, me contesta Alfonso, ¿por qué? --- ¿Qué te parece si voy a buscar una botella?---Ya puh, ---Quédate aquí, vuelvo al tiro.
Traje una botella, y estaba tan buena que fui a buscar otra; al rato estaba Alfonso hablando al aire puras cabezas de pescado; de repente no le gustó un disco que puse y: ---Qué y la retutaetutata, ---y que te creís vos tal por cual; --- y vos ah ah, --- a ver que vai a hacer ah ah.---y vos a quien le venís a abrir los ojos---que tenís mucha sangre agilao…
Hasta que de pronto entró un poco de aire fresco, las cosas se calmaron y Alfonso no habló por un largo rato hasta que se le pasó el “efecto mariposa” del pipeño de “El último tango”, y como ya se terminaba el horario de las 6 de la tarde dijo a los auditores que lo sentía mucho pero el micrófono había sufrido un desperfecto.
Nunca he sabido que clase de posesión espirituosa se apoderó de nosotros.
Al año siguiente en Talagante surge el fenómeno Yamilet, la niña que con sólo tocar a la persona en la frente la sanaba de sus males.
Pues bien, trajeron esta niña a Los Alamos y un señor Correa me parece; puso una micro para trasladar gente hasta allá, y para una referencia mas clara el lugar que fijó como partida fue enfrente de la emisora. Por ese tiempo había llegado un radio-controlador de Concepción que se puso a vender pasajes a Los Alamos porque “alguien” le dijo que lo hiciera, con Alfonso Mendoza le dijimos “no te metas en problemas” ---“es que el Señor Rivas me dijo que vendiera pasajes”--- Bueno, pero que conste que te lo advertimos.
Al fin llegó el momento del viaje y los pasajes vendidos en la emisora no correspondían, por lo tanto no fueron reconocidos por el dueño de la micro y quedó la grande, la gente quería linchar al que había vendido los pasajes, si hasta le pegaron unos puñetes.
Llegaron los carabineros preguntando por el caballero de la radio que sospechosamente se había enfermado, igual tuvo que venir porque como no teníamos teléfono se le llamó por “el aire”; y… ¿que pasó? Unas explicaciones pocas y los carabineros se despidieron de mano y listo, la gente se chupó el dedo y quedaron sin ir a ver el fraude llamado Yamilet, total en Cañete había uno más vivo y era local.
Después de ese episodio paranormal; en el interior se hicieron unas modificaciones al estudio y oficinas que son los que todavía perduran, y que por largo tiempo llamé “el milagro de Yamilet”
Por el segundo semestre del año 1980 y siendo Director de la emisora don Arnoldo Cabrera Soto, la señora de Pedro Mendoza tuvo algunos problemas de salud ; no recuerdo bien que problemas pero la tecnología existente en el Hospital de Cañete no solucionaba el problema por lo que hubo que trasladarla a Curanilahue; desde allí a Pedro le pidieron que llevara algunos dadores de sangre, por lo que nos pusimos de acuerdo varios para ir, Amado Opazo, René Espinoza ( ellos trabajaban en el taller de reparaciones de radio y televisión de Cabrera); Jorge “puntito” Aguayo, radio-controlador; Inés Saavedra, secretaria de la radio; y Yo.
Cabrera dispuso de su auto para que nos trasladáramos; pero primero una malta con harina en “El Indio” para “tener más sangre”, y partimos hacia Curanilahue; íbamos cantando , contando chistes, y también viendo las posibilidades de que chocáramos y como quedaríamos “desparramados” por el camino; y cuando vamos por el sector de La Araucana , Jorge Aguayo le dice a René Espinoza, que era quién conducía; “cuando pasemos los carabineros me dejas manejar a mí”—perfecto, contesta René y seguimos.
En ese tiempo el asfalto desde Cañete al norte terminaba en Cerro Alto en la bifurcación en Y hacia Lebu; desde ahí hacia el norte pura gravilla; después que pasamos Cerro Alto, porque allí siempre había carabineros controlando; se cambiaron de lugar René y Jorge y seguimos hacia Curanilahue; pero esta vez la chacota era mayor; estimulábamos a Jorge que acelerara cada vez más y más y más…
…hasta que enfrentamos la cuesta Mathinson “guarda abajo” a una velocidad mayor de la prudente,; algunos cientos de metros abajo estaba estacionado un camión de Vialidad, y dada la velocidad que íbamos yo veía que era el camión el que corría hacia arriba; y comenzaron los gritos , pero esta vez eran de angustia y desesperación; ¡Para Jorge, mierda! ¡¡Para, hueón, Para!! Y Jorge no paraba… seguía con el pie pegado al acelerador; algo así como congelado…y yo veía que nos metíamos debajo del camión…hasta que reacciona René que iba a su lado , le agarra el manubrio y lo gira hacia el costado izquierdo, justo en el preciso momento en que el auto choca con la esquina izquierda del chasis del camión y con los goznes de la puerta derecha justo donde iba yo; la violencia del impacto fue tal que el auto giró sobre sí mismo, se abrió la puerta y yo salí volando por los aires yendo a caer al otro lado del camino; ahí quedé tirado y en mi semi-inconsciencia escuchaba los gritos de los operarios de Vialidad para volver el guardafango que se incrustó en un forro, a su lugar. Después de un momento llega Jorge a ver como estaba yo que casi me desmayé de sólo ver como quedó el auto, ni hablar de Inés que tenía un tremendo golpe en una mejilla, pero afortunadamente no había nadie de gravedad.
Bueno, ¿Qué hacemos ahora?—no había más que regresar a Cañete; los operarios del camión dijeron, “aquí no ha pasado nada, nosotros no los hemos visto a ustedes”.
Pero…y al camión ¿que le pasó? NADA, absolutamente nada, era puro fierro reforzado y además estaba cargado con ripio y materiales pesados así que ni se movió.
De regreso nadie hablaba, todo era silencio absoluto; además hicimos un pacto; René por ser a quién le habían pasado el auto, asumió la responsabilidad y todos estuvimos de acuerdo en no mencionar a Jorge.
Cuando llegamos a Cañete; René pidió que todos nos fuéramos porque quiso ir solo a dar las explicaciones donde Cabrera; pero este no era muy fácil de engañar , así que se imaginó que Jorge iba conduciendo, pero nunca pudo sacar la “pepa” a nadie.
Ah, ¿y Pedro Mendoza? ---Pedro llegó por la tarde a Cañete más bravo que un león porque nadie había ido a dar sangre para su señora, y cuando se encontró con el “pastel” de lo que había pasado no lo podía creer.
Pero aquí había un detalle que nadie sabía, no teníamos que ir a Curanilahue a dar la sangre; sólo había que ir al Hospital de Cañete diciendo que la paciente estaba en Curanilahue y listo, eso era todo. Casi se produjo una tragedia de proporciones debido más que nada a nuestra ignorancia en el tema. Ahora ya sabemos.
$10.000 de la época costó el arreglo del auto.
Un saludo para todos ellos dondequiera que estén.
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