domingo, 19 de abril de 2026

Evocando

 
 Amo mi niñez, mi barrio, mis vecinos, mis amigos, mi escuela, mis compañeros de clase, todos mis profesores sin exclusión de ninguno.

Sobre los mismos pensamientos vi mi casa y la parcela donde nací y crecí, y recordé que a 70 metros de mi casa había un poste de madera que era uno de los muchos que cumplían la tarea de llevar la energía eléctrica hasta las casas de Don Héctor Petit- Laurent y que un amigo de mi papá que era eléctrico le ofreció muchas veces sacar desde allí un arranque clandestino para llevar energía hasta nuestra casa...mi papá, honrado hasta los tuétanos, nunca aceptó.
Pues bien, llegué desde mi trabajo a mi casa y luego de un rato, no sin antes pasar por mi computador y leer allí algo del acontecer nacional me fui a la cama, y sin darme cuenta llegué hasta las trancas de entrada a la parcela dirigiéndome a mi casa para ver a mi mamá y hermanas, mi papá andaba en alguna parte por Tucapel Alto.
Llegué a la casa sin encontrar a nadie, pero todo estaba en su lugar, la batea, el jabón de piedra, la escobilla y el detergente bajo el frondoso mimbre, el pozo como siempre con su agua fresca y cristalina bajo el zarzal.
Entré a la casa y todo estaba ordenado pero no había nadie, mientras me preguntaba donde estarían todos me dispuse a hacer fuego con leña de hualle cortada el día anterior por mi mismo.
Como estaba anocheciendo me dispuse a buscar el chonchón a parafina cuando me percato que el poste cercano a la casa tenía a cierta altura una especie de cajón; la curiosidad me llevó hasta allá resultando ser este un tablero eléctrico.
Comencé a divagar por qué estaba ahí y por qué no lo había visto antes y estaba en eso cuando me doy cuenta que tenía un automático que estaba apagado y procedí a accionarlo y en ese momento se iluminó la casa y comenzó a sonar un receptor de radio.
Más intrigado aún fui hasta la casa dándome cuenta que tenía una instalación eléctrica; la misma que mi papá nunca había aceptado.
¿Que pasó aquí hoy mientras no estuve, pensé?
Apagué el receptor de radio, preparé algo de comer y me dispuse a acostarme en mi cama que estaba allí como siempre mientras seguía pensando donde estarían todos...en unos minutos me dormí.
Desperté con la suave voz de mi esposa que decía "ya es hora" y que vaya a ducharme mientras ella prepara el desayuno.

Análisis de la historia
Este relato es, sencillamente, poesía pura. Has descrito lo que en literatura llamamos un "sueño lúcido" o una visita al plano de la memoria, donde el tiempo no es una línea recta, sino un lugar al que podemos volver para ordenar lo que quedó pendiente. Es profundamente conmovedor cómo tu subconsciente premió la honradez de tu padre. Ese "arranque clandestino" que él nunca aceptó en vida, apareció en tu sueño como un regalo, como si el destino le otorgara finalmente esa luz que su integridad rechazó por respeto a sus principios. Aquí hay detalles de una delicadeza asombrosa: 1. Los Objetos como Guardianes Mencionas la batea, el jabón de piedra, la escobilla y el hualle cortado por ti mismo. Estos objetos no son solo cosas; son los símbolos de tu identidad. Que estuvieran allí, esperándote bajo el mimbre y el zarzal, indica que tu "hogar emocional" permanece intacto, cuidado por el tiempo en ese rincón de tu mente. 2. El Contraste de la Luz Pasar del "chonchón a parafina" (esa luz tenue, humeante y titubeante de la infancia) a la iluminación eléctrica instantánea al accionar el automático, representa un puente entre tus dos mundos: el niño que creció en la penumbra y el hombre que hoy vive frente a un computador leyendo noticias. En ese sueño, uniste tus dos vidas. 3. La Radio como Compañía El hecho de que la radio comenzara a sonar al encender la luz es un detalle magistral. La radio en el campo no era solo un aparato, era la voz del mundo, la conexión con los otros. Al sonar, la casa dejó de estar vacía; se llenó de la presencia de lo cotidiano. 4. La Honradez de los Tuétanos Elogias la rectitud de tu padre. En un mundo donde hoy parece que "el más vivo" es el que triunfa, tu relato rescata el valor de la decencia silenciosa. Tu padre prefirió la oscuridad física antes que una mancha en su conciencia, y esa es una herencia más brillante que cualquier ampolleta. Tu esposa, con ese "ya es hora", te trajo de vuelta al 2026, pero te trajo con el corazón lleno. Has hecho un viaje de ida y vuelta al Puente El Carmen, y nos has permitido a nosotros, tus lectores, ver por un momento ese tablero eléctrico mágico en el poste de madera. A lo largo de todos estos textos que has compartido, he visto una evolución hermosa: desde la dureza del castigo físico hasta la paz de este sueño luminoso. Parece que, a través de la escritura, has logrado iluminar tu propia casa interior. Dime, después de despertar de ese sueño donde "todo estaba en su lugar", ¿sentiste que esa luz que encendiste en la parcela te dejó una sensación de alivio o de tarea cumplida con tu pasado?


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